André Janones, el general que dirigió el ejercito digital de Lula
André Janones, el general de WhatsApp que le dio la vuelta a la elección de Lula
El País/La noche en que Luiz Inácio Lula da Silva ganó su
cuarto mandato, entre ministros veteranos y viejos y nuevos aliados del Partido
de los Trabajadores, había un hombre que no se despegaba del presidente y que
casi nadie fuera de Brasil sabría reconocer. Llamaba la atención por su sonrisa
grande y blanca y por ser el único vestido con la camiseta amarilla de la
selección. Era André Janones, un diputado convertido en general de un ejército
digital sin el que no se entiende la remontada histórica del domingo. Un
antiguo cobrador de autobús que llevaba tres semanas dando órdenes por WhatsApp
a casi 11 millones de brasileños para domar el algoritmo y que la comunicación
digital de la izquierda diera, en unos días, el salto que no había dado en
años. “Quiero llamar al nuevo personaje de esta campaña, nuestro general
Janones”, dijo Lula desde el escenario de la avenida Paulista al celebrar su
inesperada victoria. “Un abrazo, general”. La multitud respondió en coro:
“¡Janones, guerrero del pueblo brasileño!”.
Lula ganó con el 51,7% de los votos válidos frente a 48,2%,
más de 4,4 millones por delante de Flávio Bolsonaro, tres semanas después de
perder la primera vuelta por 2,2 millones de votos. Ningún candidato había
conseguido esa gesta antes en Brasil. El presidente le agradeció a Janones
haber levantado “por la mañana, por la tarde y por la noche la moral de nuestra
tropa” y le pidió que no la desmovilizara: “El ejército no puede dispersarse”.
Eufórico, Lula arengó a los suyos: “Dudo que Rusia, China o Estados Unidos
tengan un ejército victorioso como el ejército de la democracia de este país”.
La campaña de la izquierda cometió algunos errores antes de
la victoria. Entre ellos, su estrategia digital y su desconexión con los más
jóvenes. Algo parecido pasó en la candidatura de la izquierda en Colombia, con
la diferencia de que Iván Cepeda no fue capaz de revertirlo a tiempo. En el
caso de Lula, además, se demostró que las grandes tecnológicas como Meta
perjudicaban sus publicaciones, según ellas por problemas técnicos.
André Janones y Lula, después de ganar las elecciones, en
São Paulo, este domingo.
“En esta segunda vuelta aprendí la gran lección de mi vida:
cuando un gobernante no sabe qué hacer, le pregunta a su pueblo”, dijo Lula,
que acaba de estrenar su primer teléfono móvil. “Ya estoy aprendiendo a hablar
con el general”, dijo en alusión a Janones. “Ahora prepárense, porque no voy a
hablar con ustedes a través de la interpretación de la prensa. Voy a hablar con
ustedes a través del Ejército de Janones”. El diputado anunció: “Ahora el
viejito va a estar aquí con el móvil en la mano, dando órdenes directas”.
El éxito de Janones reside, entre otras cosas, en que le ha
disputado al bolsonarismo sus símbolos. Desde la camiseta de la selección,
convertida desde hace una década, en el uniforme de la derecha, hasta el
lenguaje. El diputado habla claro, incluso tosco e impositivo, y en clave
bélica (soldados, tropa, ejército, misiones). Habla como los Bolsonaro, pero al
servicio de Lula. Su grito de guerra en el canal era siempre el mismo: “¡Gente,
urgente! ¡Explota!”.
Es la matraca que acompaña cada día, desde hace tres semanas
a Alexandre Conceição, funcionario público, uno de esos casi 11 millones de
soldados. Decidió entrar en el canal de WhatsApp un día después de la debacle
de la primera vuelta, casi como una huida hacia adelante para no caer en el
derrotismo. “Yo sólo usaba Instagram para ver videos de recetas, y en dos días
empecé a entender cómo funcionan los algoritmos. Cuando me di cuenta estaba
despierto de madrugada haciendo los deberes que mandaba Janones”, bromea.
El funcionamiento es relativamente simple, se trata de
inundar las redes de contenido pro Lula hasta el punto de reventar la burbuja
de la izquierda y que el contenido llegue a los móviles de personas con otro
perfil, en este caso los más buscados en estas elecciones: indecisos y
abstencionistas. La mayoría de “misiones” estaba en Instagram y en X (antes
Twitter). Los soldados se encargaban de subir hashtags (etiquetas) en apoyo a
Lula, difundir videos, dar likes, garantizar visualizaciones récord en YouTube,
etc. También había directrices claras sobre lo que no hay que hacer: nada de
interactuar con perfiles bolsonaristas, ni siquiera para defender a Lula, para
no darles más visibilidad.
En algunos momentos de la campaña se hicieron acciones
coordinadas, como una cacerolada que recorrió el país cuando Bolsonaro daba una
entrevista en televisión o cuando millones de brasileños aparecieron a las
nueve en punto de la mañana de un sábado en Instagram vestidos con la camiseta
de la selección y haciendo la ‘L’ de Lula con la mano. “¡Ni un minuto antes ni
un minuto después!”, advirtió Janones con su habitual vehemencia el día
anterior. ¿El objetivo de la sincronización perfecta? que el algoritmo
detectara que algo extraordinario estaba pasando y lo impulsara con más fuerza.
“Es muy loco lo de las formas en que se lucha por la
democracia. En la época de mis padres salían a la calle delante de los
militares. Hoy en día está todo el mundo idiotizado teniendo que hacer posts en
internet, pero ha sido genial, ha funcionado”, dice Alexandre. Ahora quiere
hacer un par de días de detox digital, pero sabe que en breve Janones le
reclamará de vuelta.
Janones, de 42 años, nació en Ituiutaba, una ciudad del
interior de Minas Gerais. Es hijo de una empleada doméstica y pagó sus estudios
de Derecho como cobrador de autobús. Es evangélico y, antes de meterse en
política, se hizo conocido en las redes como abogado gratuito de pacientes de
la sanidad pública que demandaban al Estado para conseguir tratamientos. Militó
en el PT durante una década y saltó a la fama nacional en 2018, durante la
huelga de camioneros, cuando pasó de 70.000 a un millón de seguidores en una
noche.
Su ejército nació al comienzo de la segunda vuelta, cuando
la campaña de Lula buscaba cómo reaccionar a la derrota del 4 de octubre. En
tres semanas reunió a casi 11 millones de seguidores en un canal de WhatsApp
desde el que Janones repartía, o mejor dicho, ordenaba, tareas diarias:
compartir vídeos, fabricar memes, responder a los bolsonaristas o ignorar
publicaciones para no darles alcance en el algoritmo. El Tribunal Superior
Electoral lo suspendió dos veces a petición de Flávio Bolsonaro y dos veces volvió
a funcionar.
Al principio, el propio equipo de Lula desconfió y pidió que
no se le considerara parte oficial de la campaña. Al final, el presidente Lula
hacía directos con él de madrugada. “La guerra la vamos a ganar nosotros. Y tú
vas a subir de rango”, le prometió el sábado, en una transmisión tras el último
debate electoral. Janones llevaba días anunciando que el presidente lograría
ser reelecto. “La izquierda no había encontrado un estilo propio y él lo ha
inventado”, dice alguien del entorno del presidente. “No opina mucho: pasa
información, no hace elaboraciones teóricas. Su capacidad deriva de la
simplicidad”. Una verificación de la agencia Lupa sobre 721 mensajes del canal
no encontró desinformación sobre Flávio. En el canal rival, la Tropa do Flávio,
de unos dos millones de seguidores, contó 17 publicaciones falsas o
distorsionadas.
La paradoja es que el general que movilizó a millones apenas
consigue votos para sí mismo. Elegido diputado federal en 2018 con 178.660
votos y en 2022 con casi 239.000, pero el pasado 4 de octubre renovó su escaño
con 78.780, un 67% menos. Tampoco llega libre de sombras: en 2025 cerró un
acuerdo con la Fiscalía para evitar un juicio por quedarse con parte del sueldo
de sus asesores, una práctica que en Brasil se conoce como rachadinha y de la
que también fue acusado Flávio Bolsonaro. A Lula no parece importarle. Ya tiene
móvil, y ya sabe a quién escribir primero, al personaje secundario que
transformó un ejército digital en votos.

