Bloqueo criminal de EEUU: El odio que lacera el derecho a escuchar de niños cubanos con discapacidades auditivas
Debería haber más carcajadas que se compartan sin vocales
bien pronunciadas. Debería estar en marcha imparable el salón de audición, con
los recursos técnicos que cada niño necesite, sin esperas ni improvisaciones.
Debería… Pero a Cuba se le ha impuesto un cerco que golpea
justo ahí, en lo más cotidiano y vital, y convierte en un sendero pedregoso la
materialización de un derecho.
«Resulta extraordinario y costoso para el país adquirir
implantes cocleares, prótesis auditivas, baterías y otros instrumentos sonoros
indispensables para la rehabilitación», dicen y no hay titubeos.
La adquisición de implantes cocleares, prótesis y baterías
resulta extraordinariamente costosa.
Llueve, y pocos niños han asistido a la escuela de enseñanza
especial René Vilches, en La Habana.
Cuenta la directora, Dimarys Sánchez Villarpando, que
«cuando el clima está así» muchos familiares mantienen a sus hijos –«con
implantes y prótesis auditivas»– en las casas para proteger el aparato, «el
cual es difícil de adquirir» y la mayoría no tiene más de uno.
Aquí estudian 62 niños y niñas, desde la primera infancia
hasta sexto grado, con discapacidad auditiva, de todos los municipios de la
capital.
De ellos, 50 son implantados cocleares; el resto, sordos e
hipoacúsicos. Todos, sin excepción, dependen de un sistema que el bloqueo
económico contra Cuba ha estrangulado con saña.
Por ejemplo, durante años ha estado cerrada el aula de
audición, lugar en el que los niños implantados comienzan a descubrir el mundo
sonoro después de la operación.
Dice Dimarys, que para abrirla nuevamente se necesita
climatización, así como instrumentos musicales y equipos de audición
especializados. Sin embargo, «en Cuba no se encuentran y se deben adquirir en
terceros países. Los que había funcionaron hasta un día».
Pero, «eso no significa que se detenga el trabajo en la
escuela. Al contrario, creamos otra aula de audición con recursos hechos por
nosotros mismos. Además, desarrollamos estrategias para corregir y compensar
los procesos auditivos», añade María de los Ángeles Calvo Arias, coordinadora
general de la escuela.
Expresa que nunca había trabajado con personas sordas e
hipoacúsicas. «Y al estar en la René Vilches, aprendí que todos tenemos nuestra
propia lengua».
HACER SIEMPRE
En un salón, donde se atienden a niños con discapacidades
asociadas –parálisis cerebral, discapacidad intelectual…–, la maestra Juana
Regla Villarpando Yanes lleva 22 años haciendo malabares con lo que hay.
Ella misma está declarada con discapacidad visual y, aun
así, fabrica sus propios medios de enseñanza. Sobre los niños expresa que
«algunos usan dispositivos auditivos y, al no tener pilas, resulta imposible
utilizarlos. A veces la batería deja de funcionar y hay que estar inventando
con el cablecito.
«Para la rehabilitación es casi lo mismo: es la crema que se
pueda buscar, el analgésico que puedan dar los padres… Esto lleva medicamentos,
condiciones creadas que, si tuviéramos los recursos en el país, no habría
problema».
A la falta de equipos se suma que «hoy no contamos con los
logopedas suficientes, y eso también influye en el proceso».

