Cine sin límites: Jhasmany Ramos y su ópera prima “el precio de la vida”

Ernesto Rengel

Para Jhasmany Samuel Ramos Poma, todo comenzó como un cortometraje. Una idea nacida de su preocupación por los crecientes casos de feminicidio y trata de personas en Bolivia. Sin embargo, lo que inició como un proyecto modesto, pronto se transformó en una ópera prima que le llevaría tres años de producción y más esfuerzo del que jamás imaginó.

“La idea original era sencilla, quería concienciar a la gente sobre estos problemas a través de un corto, pero con el tiempo el proyecto fue creciendo. Empezamos a involucrar a más gente, personas con cámara, guionistas, actores. Y ahí me di cuenta de que esto ya no era solo un corto. Tenía una historia mucho más grande por contar”, explica Jhasmany, recordando los primeros pasos de lo que se convertiría en una película independiente de larga duración.

Durante los primeros meses de preproducción, el equipo comenzó a formarse. Amigos como Ángela Huaricayo y José Luis Hacho fueron piezas clave en los inicios. “Reunir a las personas adecuadas fue el primer reto. No todos compartían la misma visión, algunos se bajaron del barco cuando las cosas se pusieron difíciles, pero nunca me rendí”. Su convicción de que la historia debía ser contada fue el motor que impulsó a Jhasmany a seguir adelante, incluso cuando todo parecía en su contra.

Tres años de lucha: el costo de hacer cine en Bolivia

Jhasmany no es ajeno a las dificultades que implica producir una película sin grandes recursos. En estos tres años, enfrentó innumerables desafíos técnicos y financieros que pusieron a prueba su perseverancia y su capacidad de liderazgo. “El equipo técnico siempre fue un problema. No contábamos con cámaras propias, ni con los recursos necesarios para alquilar equipo profesional. Tuvimos que aprender a hacer cine con lo que teníamos a mano”.

Las dificultades no solo se limitaron a los aspectos técnicos, también hubo momentos en los que la moral del equipo estuvo al borde del colapso. “Hubo veces que pensé en abandonar todo. Cambiamos de actores varias veces, algunas locaciones no funcionaban y el presupuesto se evaporaba. Pero en los peores momentos, siempre hubo alguien que me motivaba a seguir. El apoyo de mi familia y mis amigos fue clave”.

“Si realmente tienes una historia que contar, nunca te detengas”

A lo largo de esta travesía, Jhasmany también tuvo que convertirse en productor. “El cine es carísimo, y yo financié gran parte de la producción con mi propio sueldo. A veces me quedaba con apenas unos pesos al final del mes, pero sabía que todo valdría la pena”. Las largas jornadas de trabajo y los sacrificios personales fueron constantes, pero el cineasta nunca perdió de vista su meta. “No solo quería terminar mi película, quería que fuera algo que hiciera reflexionar a la gente sobre temas que nos afectan como sociedad”.

La visión de un director: perseverancia y pasión en cada escena

Ahora, con la película lista para su estreno en 2025, Jhasmany reflexiona sobre el viaje que ha vivido. "La historia ha evolucionado de maneras que ni siquiera imaginaba. A lo largo de estos años, la narrativa ha crecido junto a mí. Cada año, cada reto que superábamos, la película se hacía más grande y más poderosa". Jhasmany también reconoce que la espera ha sido larga, pero cree firmemente que el producto final será una experiencia inolvidable para el público.

Para aquellos que aspiran a contar historias a través del cine, Jhasmany tiene un mensaje claro: "El cine es difícil, te enfrenta a tus propios límites. Pero si realmente tienes una historia que contar, nunca te detengas. Los problemas técnicos, financieros, el desgaste emocional… todo eso pasa. Lo que queda es la historia que querías compartir con el mundo".

Con esta película, Jhasmany no solo busca hacerse un nombre en el cine boliviano, sino inspirar a una nueva generación de cineastas. “El cine en Bolivia tiene un futuro brillante, pero necesita más gente dispuesta a arriesgarlo todo. Si algo he aprendido en estos tres años es que el cine es una carrera de resistencia, y aquellos que no se rinden son los que llegan más lejos”.