Presidente Rodrigo Paz
El difícil panorama de Bolivia en 2026; prospectiva de un importante medio alemán
Deustche Welle/ A pocos meses de asumir la presidencia de
Bolivia, el presidente Paz se enfrenta al difícil panorama esperado, tanto a
nivel económico como político. La reforma de la política económica exige muchos
sacrificios a la población, ya que el aumento de los salarios no compensa la
eliminación de las subvenciones en el precio de los combustibles. Además, se ha
roto la alianza con el vicepresidente Lara y se avecinan muchas dificultades de
cara a las elecciones subnacionales de 2026. Bolivia está pasando de un esquema
casi monopartidista, marcado por la hegemonía del MAS, a un multipartidismo
disperso en estas elecciones, lo que podría dificultar aún más la
implementación del programa de gobierno del presidente.
La contención de la crisis de los combustibles
Con el Decreto Supremo 5503, que elimina la subvención a los
combustibles, el Gobierno del presidente Rodrigo Paz asumió el reto central de
ajustar los precios relativos, lo que se esperaba que provocara el rechazo de
los gremios del país, desde las cooperativas mineras hasta la tradicional COB
(Central Obrera Boliviana), pasando por las asociaciones de conductores. La
ausencia de recursos públicos para atenuar o ajustar de forma gradual los
precios implicó un aumento inmediato del 163 % en el precio del diésel, que,
según el Gobierno, representa ahora «los precios reales».
Esta medida dificulta la aplicación de soluciones
habituales, como las que proponían los gobiernos del MAS. Aunque se lograron
acuerdos preliminares con muchos gremios que implicaron la suspensión de las
protestas del sector y la apertura de negociaciones mediante mesas de trabajo,
la COB sigue con su movilización y espera que el Gobierno abrogue la norma por
completo. A través de negociaciones complementarias con las Juntas Vecinales y
las Cámaras de Transporte, se han establecido mesas técnicas para debatir los
problemas del sector, lo que ha permitido al Gobierno ganar tiempo para
implementar la medida adoptada, así como para contratar nuevos créditos
internacionales. El objetivo de las futuras negociaciones es fijar los precios
del pasaje, que están regulados por los gobiernos locales. Por ello, el
Gobierno se comprometió a convocar a alcaldes y gobernadores para establecer
criterios que permitan definir los nuevos precios del transporte urbano e
intermunicipal.
La ruptura de la alianza de gobierno
Al mes y medio de iniciarse, el Gobierno muestra una
acelerada fragmentación, incluso en las propias alianzas victoriosas, en las
que cada uno de los protagonistas actúa por su cuenta. El presidente se está
esforzando por configurar la alianza Patria con el fin de consolidar el poder
territorial y dar continuidad al proyecto gubernamental, para lo cual
presentará candidatos competitivos en gobernaciones y alcaldías clave. Al mismo
tiempo, se ha oficializado la ruptura con el Partido Demócrata Cristiano, fuerza
con la que Paz llegó al poder, y se ha profundizado el distanciamiento con el
vicepresidente, Edmand Lara, que quedó fuera del nuevo bloque y no logró
habilitar su propia fuerza política para competir en las elecciones. Lara, como
vicepresidente, se siente excluido de las decisiones y se ha declarado
«opositor constructivo». Con la ruptura del exitoso binomio electoral, el
vicepresidente boliviano ha denunciado que Paz le ha «dejado de lado» y que, en
su opinión, ha decidido «gobernar para los ricos» y «rodearse de gente
corrupta», mientras que él se ha marcado el objetivo de «combatir la corrupción
desde el Gobierno y denunciar a todo funcionario que cruce la línea del bien a
la línea del mal». Sus reclamaciones van dirigidas tanto al presidente como al
Parlamento en general, y han enrarecido el clima político del país.
Rumbo a las elecciones subnacionales
De cara a las elecciones subnacionales previstas para el 22
de marzo de 2026, en las que se elegirán gobernadores, alcaldes, asambleístas
departamentales y concejales municipales en todo el país, se prevé un panorama
complicado. El Tribunal Supremo Electoral ha recibido la inscripción de un
número récord de 34 618 candidaturas para estas elecciones, distribuidas en 184
organizaciones políticas. Si se mantienen estas cifras, podría producirse una
proliferación de siglas y microalianzas, lo que daría lugar a autoridades
débiles, concejos fragmentados y una gobernabilidad precaria en departamentos y
municipios.
Hasta ahora no se vislumbran fuerzas políticas
cohesionadoras, sino una tendencia hacia un multipartidismo disperso que
dificultará la generación de los consensos necesarios para avanzar en las
difíciles decisiones que deben tomarse en el territorio ante el cambio de rumbo
político a nivel nacional. Esto podría generar una situación de desencuentro
entre las dinámicas del nivel central y la lentitud de la implementación en el
nivel local, una situación que en el pasado ha supuesto un freno estructural
para el cambio en la sociedad boliviana. Lo que para algunos es el renacimiento
de localismos con personalidades y opciones políticas cercanas a la población,
para otros es el regreso de operadores políticos basados en caudillos y fuerzas
locales capaces de reproducir viejas lógicas de prebenda, tráfico de siglas y
reciclaje de élites locales. Desde esta perspectiva, hay muchas dudas de que
Bolivia vaya a experimentar la esperada renovación de su liderazgo político, y
más bien se teme que vaya a caer en el reciclaje de dirigentes sindicales, exautoridades
y operadores tradicionales. El alto número de candidaturas puede generar muchas
frustraciones, sentimientos de exclusión, una baja representación real y una
ciudadanía cada vez más escéptica frente a un sistema que multiplica
candidatos, pero no respuestas.
Ante este panorama, al presidente Paz le queda un arduo
trabajo de diálogo en múltiples frentes para avanzar en su programa político y
mantener un nivel de legitimidad suficiente para seguir llevando a cabo los
cambios indispensables para reorientar el desarrollo de Bolivia y mejorar las
condiciones de vida de la población.

