EL VERDADERO COSTO DEL SINCERAMIENTO ECONÓMICO EN BOLIVIA

CUANDO EL AJUSTE LLEGA AL HOGAR:

Por: José María Herbas Postigo / Analista Político y Consultor en Medioambiente

Bolivia ha ingresado definitivamente en un proceso de reestructuración macroeconómica sin precedentes en su historia reciente. La necesidad de ajustar un déficit fiscal elevado y de cumplir con las exigencias del crédito de $us 1.900 millones acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI) bajo el Servicio Ampliado del Fondo (SAF) ha desencadenado un conjunto de medidas de sinceramiento de precios. Sin embargo, detrás de las cifras fiscales y las metas de estabilización proyectadas hacia 2027, la realidad cotidiana en las calles y en la mesa de los hogares bolivianos refleja una presión económica que asfixia el presupuesto familiar y pone a prueba la paz social.

El diésel y la gasolina marcan la carrera inflacionaria

El punto de quiebre de este nuevo escenario comenzó en diciembre de 2025 con la promulgación del "Decreto por la Patria" y el Decreto Supremo 5652, decisiones que retiraron parcialmente la subvención congelada por más de una década. En este ajuste inicial, la gasolina especial experimentó una subida de Bs 3,74 a Bs 6,96 por litro (+86%), mientras que el diésel oíl dio un salto drástico de Bs 3,72 a Bs 9,80 por litro (+163%).

No obstante, la distorsión real se profundizó con la autorización para la libre importación y comercialización de combustibles por parte del sector privado. La oferta del mercado libre llevó los precios efectivos a niveles superiores: el diésel privado comercializado para la logística agrícola y el transporte pesado escaló a rangos de entre Bs 16,50 y más de Bs 21 por litro según el tipo de cambio del mercado, mientras que la gasolina importada alcanzó picos de Bs 18,40. Al ser el diésel el insumo transversal que mueve la maquinaria de siembra, la cosecha y los fletes de carga, este encarecimiento se trasladó en cadena a toda la oferta alimentaria, elevando los costos de la harina, el pan, las carnes, el azúcar, el aceite y los medicamentos esenciales.

Suben las tarifas y crecen las deudas: La tenaza que asfixia a la clase media

El ajuste de los carburantes no se produjo de forma aislada. La combinación con el reajuste programado en las tarifas de gas natural, el precio del Gas Licuado de Petróleo (GLP) y el incremento del 5% en la tarifa de energía eléctrica genera una reacción inflacionaria en cadena sobre los costos de producción. A esto se suma el avance de la Unidad de Fomento de la Vivienda (UFV), cuya cotización pasó de Bs 3,02 en enero de 2026 a Bs 3,34 en septiembre, proyectándose a alcanzar los Bs 3,50 para finales de diciembre (un salto anual cercano al 15,9%).

La clase media urbana se encuentra así atrapada en un agresivo "efecto tenaza". Al no calificar para los bonos del Estado y contar con ingresos fijos o asalariados que no crecen al ritmo de la inflación, este sector debe absorber el encarecimiento de las facturas de luz, agua, pasajes, salud y educación. Simultáneamente, la aceleración de la UFV incrementa mes a mes las cuotas de sus créditos bancarios hipotecarios y de consumo, forzando la liquidación del ahorro familiar y empujando a miles de familias hacia el sobreendeudamiento.

El drama diario de las familias informales

Para las familias de menores recursos, que constituyen más del 80% de la fuerza laboral en la economía informal, la situación es crítica. En estos hogares, entre el 60% y el 80% del presupuesto diario se destina exclusivamente a comprar comida y pagar pasajes.

Al no contar con el Salario Mínimo Nacional garantizado para el sector formal (Bs 3.300) ni con reajustes automáticos de sus ingresos, la subida en el precio del pan o del kilo de carne obliga a reducir la cantidad y calidad de alimentos en la mesa. Si bien los programas sociales como la Renta Dignidad (elevada a Bs 500), el Bono Juancito Pinto (Bs 300) y las transferencias de equidad buscan amortiguar el golpe, la acelerada subida de precios en los mercados populares termina absorbiendo y neutralizando rápidamente esta ayuda estatal.

Protesta en las calles: La angustia de sobrevivir frente al cálculo político

Atribuir los crecientes anuncios de movilizaciones, paros y bloqueos exclusivamente a un cálculo o postura de la oposición política ignora la raíz del conflicto. Si bien existen sectores que buscan instrumentalizar el descontento, la protesta ciudadana no nace de una ideología, sino de la desesperación.

Cuando el comerciante minorista no puede reponer su mercadería, el chofer no logra cubrir el costo del combustible y el trabajador no puede alimentar a su familia, la calle se convierte en el último recurso de defensa. Reducir la angustia económica a una pugna política impide construir las respuestas que la población necesita con urgencia.

El reto de estabilizar la economía sin destruir a la sociedad

El sinceramiento macroeconómico responde a una lógica técnica de corrección fiscal indispensable para evitar el colapso de las reservas internacionales y reordenar los precios relativos. Sin embargo, el éxito de una reforma no se mide únicamente por los balances del Banco Central o en los despachos del FMI. Si el costo de la estabilización se carga sobre la espalda de las familias más vulnerables y de una clase media golpeada, el precio del reordenamiento será el aumento de la pobreza y la ruptura de la paz social en Bolivia.