Pablo Camacho al ser posesonado como cabeza de la OFEP
Gobierno trabaja contra el modelo estatal afirmando que 15 empresas públicas están en quiebra técnica
El director de la Oficina Técnica para el Fortalecimiento de
la Empresa Pública (OFEP), Pablo Camacho, presentó un balance crítico del
desempeño de las empresas estatales. Según los datos expuestos, de un universo
de 67 firmas públicas, la mayoría opera con pérdidas sostenidas, baja
generación de ingresos propios y una creciente dependencia del endeudamiento.
El informe identifica al menos 15 empresas en “quiebra
técnica”, es decir, con patrimonio negativo y sin capacidad de sostener sus
operaciones sin apoyo externo. En conjunto, estas empresas acumulan pérdidas
por 2.655 millones de bolivianos y un patrimonio negativo de 1.901 millones de
bolivianos.
Las cifras reflejan, según Camacho, el resultado de un
modelo que apostó por la sustitución de importaciones mediante inversión
estatal, financiada en gran parte con recursos públicos.
El costo del modelo: más de Bs 73.000 millones comprometidos
Uno de los datos más sensibles del informe es el volumen de
recursos canalizados hacia el sector empresarial estatal. De acuerdo con la
OFEP, en las últimas dos décadas se destinaron más de 73.000 millones de bolivianos en créditos para financiar
estas iniciativas.
Este esfuerzo coincidió con años de altos ingresos por
exportaciones de gas y materias primas, que permitieron acumular importantes
reservas en el Banco Central de Bolivia. Sin embargo, especialistas advierten
que parte de esos recursos se utilizó para sostener empresas con baja
rentabilidad o escasa capacidad productiva.
El cuestionamiento central apunta a la eficiencia del gasto:
recursos que, según la crítica, pudieron haberse orientado a infraestructura,
salud, educación o incluso a la creación de un fondo soberano para enfrentar
shocks externos.
Contexto fiscal y presión sobre las reservas
El debate sobre las empresas públicas se da en un momento
complejo para la economía boliviana. Las reservas internacionales han mostrado
una tendencia a la baja en los últimos años, mientras el Estado enfrenta
mayores necesidades de financiamiento.
En este escenario, el sostenimiento de empresas deficitarias
implica una presión adicional sobre las finanzas públicas, ya sea vía
transferencias directas, subsidios o garantías para nuevos créditos.
Analistas coinciden en que la discusión no pasa únicamente por
cerrar o mantener empresas, sino por redefinir su rol, mejorar su gobernanza y
exigir resultados en términos de productividad y generación de valor.
Sustitución de importaciones: entre la teoría y la práctica
El modelo impulsado en Bolivia apostó por la
industrialización y la sustitución de importaciones como vía para reducir la
dependencia externa. Sin embargo, los resultados han sido dispares.
Mientras algunas empresas estratégicas lograron
consolidarse, otras no alcanzaron escala ni competitividad, operando con altos
costos y baja eficiencia. Esto ha generado un sistema heterogéneo, donde
conviven proyectos viables con otros altamente deficitarios.
El desafío, según expertos, es diferenciar entre sectores
estratégicos que requieren apoyo estatal y aquellos donde la participación
pública no ha generado los resultados esperados.
¿Reforma o continuidad?
El balance presentado por la OFEP reabre el debate sobre el
futuro del aparato empresarial estatal. Entre las opciones que se discuten
están la reestructuración, alianzas público-privadas, cierres ordenados o la
recapitalización condicionada a mejoras de gestión.
Más allá de las decisiones puntuales, el punto de fondo es
la sostenibilidad: en un contexto de menores ingresos y mayores restricciones
fiscales, el margen para sostener empresas deficitarias es cada vez más
limitado.

