MARCO RUBIO “ANUNCIA” REFORMAS PARA SECTORES DE COMBUSTIBLES, MINERÍA Y ENERGÍA TRAS REUNIÓN CON PAZ

El acercamiento con Estados Unidos y el FMI abre la discusión sobre el rumbo económico de Bolivia y sobre quién asumirá los costos de las reformas en medio de la crisis

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, vinculó la relación bilateral con Bolivia con el respaldo al Fondo Monetario Internacional (FMI) y las reformas que el Gobierno de Rodrigo Paz proyecta para los sectores de combustibles, minería y energía. La declaración, realizada tras su reunión con el mandatario en Nueva York, coloca en el centro de la agenda bilateral cambios sobre áreas estratégicas de la economía boliviana, mientras el país atraviesa una crisis marcada por dificultades fiscales, escasez de combustibles, pérdida de poder adquisitivo y presión sobre las reservas.

Rubio calificó de “productivo” el encuentro y señaló que la relación con Bolivia es clave para los planes del país de obtener apoyo del FMI y reformar los sectores de combustibles, minería y energía. El pronunciamiento se produce después de que la Asamblea Legislativa sancionara el acuerdo por $us 1.900 millones negociado con el organismo internacional, que contempla medidas para reducir el déficit fiscal, fortalecer las reservas y ejecutar reformas económicas.

El Gobierno de Paz sostiene que estas medidas buscan generar las condiciones para recuperar la economía y atraer inversiones. Sin embargo, la discusión no se limita a cuánto financiamiento pueda conseguir Bolivia, sino a qué tipo de reformas se aplicarán y quién terminará beneficiándose de ellas. En particular, cualquier modificación en combustibles, hidrocarburos y minería tendrá efectos directos sobre los ingresos del Estado, los precios internos y el acceso de la población a recursos y servicios vinculados con estos sectores.

Paz confirmó que empresarios e inversionistas están interesados en conocer las nuevas reglas para hidrocarburos y minería, además de los cambios constitucionales que impulsa su administración. “Quieren saber cuáles son las nuevas normas en hidrocarburos, en minería, quieren saber qué cambios constitucionales vamos a hacer”, afirmó. El mandatario también defendió una mayor participación privada y sostuvo que tanto la minería estatal como la privada pueden crecer mediante una mayor apertura de Bolivia al mundo.

Este planteamiento abre un debate particularmente sensible para un país que ya enfrenta una situación económica compleja. Atraer capital privado puede significar nuevas inversiones, pero también obliga a preguntarse bajo qué condiciones ingresarán esas empresas, qué porcentaje de la renta permanecerá en Bolivia y qué papel conservará el Estado sobre sus recursos estratégicos. El resultado dependerá de las reglas que finalmente se aprueben y de la capacidad del Estado para garantizar que la inversión se traduzca en ingresos, empleo y beneficios concretos para la población.

La situación es aún más delicada en el sector de combustibles. Bolivia enfrenta dificultades para garantizar el abastecimiento y ha tenido que destinar recursos para la importación de carburantes. En este contexto, una eventual reforma puede buscar reducir el costo fiscal de la subvención y atraer participación privada, pero también podría generar efectos sobre los precios y el costo de vida si parte del ajuste termina trasladándose a los consumidores.

Paz también informó de gestiones ante el BID, la CAF y el Banco Mundial para obtener recursos destinados a infraestructura, crédito y actividad productiva. El mandatario sostuvo que Bolivia atraviesa un “cambio estructural” y que el financiamiento obtenido debe permitir posteriormente impulsar emprendimientos privados. La pregunta que queda abierta es si ese cambio estructural permitirá recuperar la estabilidad económica de los hogares o si el peso de la recuperación recaerá principalmente sobre la población mediante mayores precios, ajustes y menor participación estatal.

La reunión entre Paz y Rubio, por tanto, va más allá de un encuentro diplomático. La incorporación de los combustibles, la minería y la energía a la agenda bilateral, junto con el programa negociado con el FMI, anticipa una etapa de modificaciones económicas cuyos efectos dependerán de su implementación. En un país que ya enfrenta una crisis, el principal desafío será determinar si las nuevas reglas consiguen recuperar la producción, las reservas y el empleo sin trasladar los costos de la estabilización a las familias ni comprometer innecesariamente el control estatal sobre los recursos estratégicos.