Trump e Infantino, futbol y política
Un Mundial de poder y dinero: cómo Infantino se ganó el favor de Trump y los precios abusivos que impuso la FIFA
El balón ha rodado durante varias semanas el legendario
césped del Estadio Azteca, marcando el desarrollo del Mundial 2026. Sobre el papel, este torneo
se diseñó bajo la idílica promesa de la hermandad norteamericana, uniendo a
México, Canadá y Estados Unidos en una fiesta deportiva sin precedentes.
Sin embargo, la realidad que se respira tres semanas despues de su inauguración dista
mucho de la utopía globalista que suele predicar la FIFA. Detrás del telón de
la máxima cita del fútbol, lo que se despliega es un monumental experimento de
hipercapitalismo salvaje, diplomacia de conveniencia y geopolítica dura.
Entrevista de Emiliano García-Page para EL ESPAÑOL de
Castilla-La Mancha en Telemadrid.
Este es, a todas luces, el Mundial de la alianza entre
Donald Trump y Gianni Infantino: un torneo blindado por el nacionalismo
ideológico de la Casa Blanca y rentabilizado hasta el límite por la maquinaria
financiera de Zúrich.
Los futbolistas de España, durante un entrenamiento antes
del Mundial.
El 'Moneyball' de Luis de la Fuente: el laboratorio de
España para el Mundial entre 'big data', ciencia, psicología y nutrición
Lo que originalmente iba a ser una celebración de la
diversidad y la integración continental se ha transformado en un evento
profundamente exclusivo, fragmentado y asfixiado por los intereses
corporativos.
Cartagena: volcán del Totumo y baño de lodo con guía
bilingüe
La sumisión del organismo rector del fútbol mundial ante las
exigencias políticas de Washington no solo ha redefinido las reglas de la
diplomacia deportiva, sino que ha establecido un peligroso precedente donde los
valores fundacionales del juego se sacrifican en el altar del poder y el
dinero.
Rendición ante la Casa Blanca
Para comprender cómo la FIFA entregó las llaves de su torneo
insignia a los dictámenes de la administración Trump, es necesario retroceder a
los traumas que reconfiguraron el organismo hace una década.
El fantasma del FIFA-Gate en 2015, aquella investigación del
Departamento de Justicia de los Estados Unidos que descabezó a la cúpula de
Joseph Blatter, dejó una lección indeleble en Zúrich: nunca más se debe
contrariar a la superpotencia americana.
Gianni Infantino entendió desde el primer día de su mandato
que la supervivencia de su estructura requería una alianza estratégica con
Washington, transformando el pánico judicial en un pragmático compadreo
político.
La relación entre Infantino y Trump se consolidó en los
despachos de la Casa Blanca a través de un intercambio constante de gestos simbólicos
y favores políticos.
Ejemplos insólitos como la concesión del polémico
"Premio de la Paz de la FIFA" a Donald Trump -un galardón duramente
criticado por la comunidad internacional- evidenciaron la estrategia de
Infantino: adular el ego del mandatario estadounidense para garantizar
inmunidad operativa y facilidades logísticas.
A cambio, Trump encontró en el Mundial la plataforma de
propaganda perfecta para proyectar su marca global y demostrar que los grandes
eventos globales deben jugarse bajo sus propias condiciones.
Esta sintonía ha provocado una quiebra absoluta del
principio de neutralidad política que la FIFA defiende con vehemencia en sus
estatutos. Mientras el organismo sanciona con dureza a federaciones de países
en desarrollo por cualquier atisbo de injerencia gubernamental, con Estados
Unidos la norma se ha vuelto flexible.
FIFA ya no actúa como un ente regulador independiente, sino
como un socio comercial subordinado a los intereses de Washington.
Mundial fragmentado
El gran lema de la candidatura conjunta de 2026 fue la
unidad continental, pero la realidad de las políticas migratorias y comerciales
de la administración Trump ha despedazado esa narrativa en vísperas del torneo.
En lugar de un flujo libre de aficionados y deportistas, las
fronteras de Estados Unidos se han convertido en un embudo ideológico que
amenaza la legitimidad competitiva de la Copa del Mundo.
El caso más alarmante y que ha provocado la indignación de
la Confederación Africana de Fútbol es el veto impuesto a Omar Abdulkadir
Artan. El colegiado somalí, considerado unánimemente el mejor árbitro del
continente africano, vio denegado su visado por parte de las autoridades
estadounidenses debido a las restricciones migratorias vigentes.
Omar Abdulkadir Artan.
Omar Artan, el mejor árbitro de África, fue interrogado 11
horas y expulsado del Mundial tras ser vinculado con terroristas
Los problemas logísticos no se detienen en los oficiales del
partido; afectan directamente a las delegaciones nacionales. La selección de
Irán está protagonizando la situación más surrealista del torneo.
Ante la negativa de Washington de emitir visados para 15
miembros de su comitiva oficial -alegando motivos de seguridad nacional-, el
equipo asiático se ha visto obligado a establecer su campamento base en la
ciudad fronteriza de Tijuana, en territorio mexicano.
La delegación iraní deberá vivir una anomalía logística sin
precedentes en la historia de los Mundiales: operar como trabajadores
transfronterizos, cruzando los puestos de control migratorio bajo estrictas
medidas de vigilancia solo para disputar sus encuentros en Los Ángeles y
Seattle, para luego regresar a dormir a México.
Donald Trump, en el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy
de Nueva York.
Trump convierte el Mundial en la 'Copa del Miedo': EEUU
limita los visados, despliega al ICE y prepara las deportaciones
Esta tensión no es exclusivamente migratoria, sino también
diplomática y arancelaria. La reciente imposición por parte de Trump de un
arancel del 25% al acero y al aluminio procedentes de México y Canadá ha
enturbiado por completo las relaciones con sus socios de candidatura.
La hostilidad comercial ha calado tan hondo que, en un hecho
inédito para una inauguración tripartita, ningún jefe de Estado de los países
vecinos acudirá al partido inicial para acompañar al mandatario estadounidense.
Lo que debió ser una foto de concordia regional es hoy el reflejo de un torneo
fracturado por el aislamiento político.
Un torneo privilegiado
Si la geopolítica ha impuesto barreras físicas, la
estrategia económica de la FIFA y sus socios locales ha levantado muros
financieros infranqueables para el aficionado común. Este torneo pasará a la
historia como el más caro jamás registrado, consolidando la elitización definitiva
del fútbol de selecciones.
Por primera vez en una Copa del Mundo, la FIFA ha autorizado
la implementación de las denominadas "tarifas dinámicas", un sistema
de fijación de precios algorítmico importado de los macroconciertos
norteamericanos.
El impacto en los bolsillos ha sido devastador: una entrada
de categoría uno para la gran final presenta un precio base oficial de 11.000
dólares, una cifra astronómica si se compara con los 1.600 dólares que costaba
el mismo boleto en la final de Catar 2022.
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, y Gianni
Infantino, presidente de la FIFA, durante una reunión en la Casa Blanca.
Dos meses para el Mundial... ¿Más caro de la historia?: 300%
de inflación y la odisea de viajar en un clima de tensión global
El escándalo financiero adquiere tintes de usura
institucionalizada cuando se analiza la plataforma oficial de reventa de la
FIFA. El organismo ha diseñado un mercado secundario legal donde los precios de
los tickets alcanzan cifras de seis dígitos, pero el verdadero beneficio se
queda en Zúrich.
Por cada transacción de reventa, la FIFA percibe una
comisión del 15% por parte del vendedor y otro 15% a cargo del comprador.
Este margen neto del 30% por cada entrada que vuelve a
cambiar de manos ha sido calificado por la asociación internacional de
consumidores Fairness United como una "licencia institucional para
robar", denunciando que el organismo se lucra directamente de la
especulación salvaje que vacía los bolsillos de la hinchada.
Incluso los tradicionales Fan Festivals, históricamente
gratuitos y concebidos como el espacio de integración para quienes no tenían
acceso a los estadios, serán de pago en varias sedes de Estados Unidos.
Brahim Díaz y Achraf Hakimi, durante un partido de
Marruecos.
El Mundial más globalizado con 11 españoles bajo otra
bandera y 289 futbolistas sin representar a su país de origen
Ante el aluvión de críticas, Donald Trump ha optado por un
calculado ejercicio de populismo cínico para desmarcarse del descontento
social.
En declaraciones recientes, el mandatario afirmó: "Yo
tampoco pagaría ese dinero por una entrada; me entristece profundamente que la
gente trabajadora de Queens o Brooklyn no pueda permitirse ir a ver un partido
en su propio país".
Sin embargo, estas palabras contrastan con la realidad de
que el ecosistema económico desregulado y corporativo que ampara su
administración es el caldo de cultivo idóneo para que la FIFA aplique estas políticas
extractivas.

