Artistas y gestores piden a Paz un giro estratégico en política cultural del Estado: “No gestos simbólicos ni caridad”
Redes de artistas, gestores y trabajadores de la cultura
remitirán dos cartas al nuevo gobierno, con las que exigen que la cultura deje
de ser un área marginal y pase a ocupar un lugar central en la arquitectura
institucional y el modelo de desarrollo del país.
En las misivas, la escrita por la red Telartes y el
manifiesto suscrito por “trabajadoras y trabajadores de las culturas”, los
firmantes recuerdan al Ejecutivo que Bolivia es uno de los países más diversos
de la región y que esa riqueza simbólica es, al mismo tiempo, una de sus
principales reservas para la salida de la crisis económica y política. Sin embargo,
advierten, las señales iniciales del nuevo ciclo gubernamental no han despejado
la preocupación por la pérdida de jerarquía del sector ni por la desaparición
del Ministerio de Culturas.
Los colectivos culturales insisten en que la cultura no
puede ser tratada como un gasto prescindible, sino como una inversión de alto
retorno social, económico y democrático. Citan estudios oficiales que atribuyen
a las economías culturales y creativas más del 1% del PIB y cientos de miles de
empleos, con una fuerte participación de mujeres, y recuerdan que los derechos
culturales forman parte del núcleo de los derechos humanos, interdependientes
de los derechos sociales y económicos.
El pliego plantea una agenda inmediata de acciones para
enfrentar la precariedad laboral de artistas, artesanos, gestores y
emprendedores culturales. Entre las demandas destacan el reconocimiento
explícito de los derechos culturales en los planes de desarrollo, el
fortalecimiento del Sistema Plurinacional de Culturas, la actualización de la
legislación cultural, un programa nacional de economías culturales y creativas
y la creación de fondos permanentes y transparentes para el sector, incluyendo
un Fondo Nacional de Cultura descentralizado financiado con al menos el 1 % del
Presupuesto General del Estado.
También proponen la conformación de un Consejo Nacional de
Culturas con participación paritaria de la sociedad civil; un plan específico
para fomentar emprendimientos culturales juveniles y creativos; nodos de
cultura y medioambiente que articulen arte y transición ecológica; y políticas
educativas que integren la formación artística y ciudadana en todos los niveles
del sistema educativo.
Uno de los puntos más sensibles del manifiesto es la demanda
de jerarquía institucional. Los colectivos solicitan que la cultura tenga
representación clara en el gabinete (a nivel ministerial) y que se asegure su
articulación con áreas como educación, desarrollo productivo, turismo,
medioambiente, comunicación y relaciones exteriores. A su juicio, sólo una
presencia fuerte en la estructura del Estado permitirá que las políticas
culturales incidan realmente en la gobernabilidad y en la cohesión social.
En un tono firme pero propositivo, artistas y gestores subrayan que no buscan “gestos simbólicos ni caridad”, sino una decisión estratégica que reconozca el papel de la cultura en la construcción de una Bolivia descentralizada, inclusiva y democrática. Ofrecen, a cambio, su experiencia acumulada en redes y procesos territoriales para co-diseñar políticas públicas y gestionar cooperación.
Solicitan una reunión urgente con el presidente Paz y su equipo para instalar una mesa nacional de diálogo y planificación con el sector cultural, que desemboque más adelante en un Congreso Nacional de Culturas.
El mensaje es claro: las culturas no son un adorno del nuevo
gobierno, sino un actor clave para la estabilidad institucional, la proyección
internacional del país y la posibilidad de imaginar un futuro compartido.

