Jawitas Mi Chulumani: al encuentro de los sabores de Los Yungas
Un emblemático emprendimiento,
100 por ciento paceño, es Jawitas Mi Chulumani, que nació hace 10 años y
creció, ¿quién lo diría?, en plena pandemia, cuando su propulsora no tuvo más
opción que salir en persona a tocar puertas de domicilios para que las familias
encerradas por el COVID-19 adquieran el queso que se estaba quedando almacenado
y también las jawitas, que cada vez se vendían más.
La artífice de esta empresa,
que ya tiene más de 20 locales de venta, es Yanis Verónica Paredes, quien hace
10 años y no pudiendo encontrar un buen puesto de trabajo, pese a contar con
maestrías, decidió aplicar las enseñanzas de su madre asimiladas en su natal
Chulumani.
¿Cómo nace el emprendimiento?
Nace en dos oportunidades. Una
vez por necesidad, allá en el año 2011, cuando estaba desempleada. Después de
15 años de administración pública, mandaba mis currículos y nadie los tomaba en
cuenta. Entonces, yo, mamá soltera, digo ¿qué hago? Y había necesidad de comer,
me había comido todos los ahorros. Entonces, un día me acuerdo de lo que mi
mamá hacía pan. Veo el horno que ella usaba y le digo, voy a hacer pan tienes
que ayudarme.
Pero ¿cómo? ¿Qué vas a hacer?,
me dice ella. Después de tanto haber estudiado ¿por qué?, bueno, ya tenía
diplomados, maestría y todo. Entonces me dice ¿cómo te vas a meter a hacer pan?
Bueno, le digo, tengo que dar de comer a mi hijo. Y en eso mi papá viene a
ayudarme y me da todo su apoyo, con tanto amor. Me ayuda, me enseña, hacemos
pan. El emprendimiento salía muy bien, porque se vendía como pan caliente, pero
significaba mucho trabajo y muy poca rentabilidad. Yo hago números y me doy
cuenta de que estaba mal. No puede ser que, después de tanto esfuerzo, uno gane
tan poquito. Entonces le digo a mi mamá
que hagamos las jawitas y empezamos a hacerlas en el año 2011. Hacíamos 70 unidades diarias y en Chulumani
este producto se vendía solo en la mañana, como la salteña, pero un día me
sobra porque no logré vender todo. Y digo ¿qué hago ahora? Entonces, lo que
hicimos fue hacer otro lote en la tarde. Increíblemente, la tarde tuvo mejor
respuesta que la mañana.
¿En este recorrido, cuál era
el principal problema?
Inicialmente, mi principal
problema era que el queso era un producto que yo compraba del altiplano y no
podía estandarizar el costo. Después de mucho tiempo encontré un proveedor en
una rueda de negocios, que actualmente es mi esposo. Ahora tenemos una planta
en Tihuanaku y otra en Santa Cruz. Entonces, allá hemos emprendido en la planta
de lácteos porque hay más leche.
¿CUÁNDO SE DA EL GRAN SALTO
CON LAS JAWITAS?
Esto nació producto de la
pandemia, porque en la pandemia nosotros cerramos todas las jawitas y yo me
estaba desesperando. Entonces digo ¿Qué hacemos? Porque yo tenía un stock de
queso acumulado. Y bueno, las vaquitas siguen dando leche. Los campesinos en la
comunidad de Achaca, que son como 80 familias, te siguen proveyendo el producto
porque de eso comen. Entonces, en cuestión de dos semanas, empezamos a
desarrollar paquetes, etiquetas y vamos casa por casa, barrio por barrio a
ofrecer el producto. Y resultó todo el
periodo de la pandemia, el queso lo hemos vendido junto a diferentes productos
lácteos.
Varias comunidades viven de
producir leche para las jawitas
¿En las Jawitas también hay un
valor social por lo económicas que son?
Pero por supuesto. Es
económico, es accesible. El impacto social, económico y de género que tenemos
en la comunidad de Achaca, en Tijuana, es impresionante. ¿Por qué? La mujer de
la familia aporta a su hogar económicamente, pero desde su casa. Entonces, la
ama de casa, se ocupa de cuidar a los hijos, pero también genera un sustento
con sus vacas y la leche.
En todo lo que es la cuenca
lechera de Tijuana, la mujer se ocupa de la crianza y el cuidado de la vaquita.
Entonces es ahí que acopian empresas grandes y nosotros beneficiamos a una
comunidad porque nuestro centro de producción está ahí.
Entonces vienen las
jovencitas, vienen las señoras mamás, las adultas, algunas con 20 litros,
algunas con 90 litros, porque el papá en una familia del altiplano se dedica a
otra cosa. Puede ser chofer, albañil, o tener una profesión técnica, pero la
mamá es la que está en la casa. Cuida a los hijos y ayuda con la producción de
leche.
¿EN LOS PUESTOS DE JAWITAS
TRABAJAN SOLO CON MUJERES?
Sí. ¿Por qué yo tengo
preferencia con las mujeres? Porque en algún momento me he sentido en su
posición, en su situación, al ser madres solteras, porque hay muchas mamás
solteras o chicas, jovencitas, que se sustentan con su trabajo para poder
lograr una formación.
Entonces, de pronto el hombre
es un poquito más libre, no tiene tanto carisma para vender, entonces mis
experiencias no han sido de las mejores. Puedo decirte que el 90% de mi gente
son mujeres, a excepción de los choferes y técnicos.
EL CRECIMIENTO HA SIDO
IMPORTANTE PORQUE YA TIENEN MÁS DEDE 20 LOCALES EN LA PAZ Y ORURO También
estuvimos en Sucre, estamos en El Alto, ahora queremos trabajar de manera
global. No me quiero quedar solo en el país, porque hay mucho turista que le
encanta y dice que la jawita en otros lados tendría éxito. La idea es hacer en
adelante una franquicia y estamos en esa tarea.
SI EL NEGOCIO FUNCIONÓ AQUÍ,
¿POR QUÉ NO ALLÁ?
Bueno, ahorita son tiempos de
exportar, son tiempos de salir al exterior, ahorita podemos ser competitivos
por nuestros precios más bajos, pero, además, los turistas ahora vienen y van a
venir más. Creo que ahora es una oportunidad donde podemos aprovechar para ser
más grandes y sólidos, que la gente crea en nosotros, estamos por lo menos con
80 personas que nos apoyan, yo digo, son 80 familias, porque es la mamá y su
hijito que se beneficia de esto, trabajamos por metas, con las chicas de
ventas, y si no fuera por la confianza que les tengo y la que ellas pueden
tener en nosotros, no funcionaría esto. Es un tema de confianza, de trabajar
con metas claras desde abajo. Así ellas y nosotros salimos adelante.
¿QUÉ FUE LO MEJOR DE LA
EXPERIENCIA DE ESTE EMPRENDIMIENTO?
Yo me siento muy bendecida,
porque he salido de una familia muy humilde, de Los Yungas, con muchas
diferencias en cuanto a educación, que después se han ido nivelando de a poco.
Entiendo que la educación es súper importante, tengo un hijo que conmigo ha
padecido muchísimas cosas, que este año está saliendo bachiller, y ahora,
teniendo esta oportunidad, yo estoy haciendo que él salga al exterior, para que
estudie y se forme, porque creo en la educación, y a todas las señoritas que
trabajan conmigo les digo estudien, y trato de alentarles, no solamente en el
tema económico, sino también en el tema motivacional, de género, trabajar, y
que vean que sí se puede.
Yo arranqué con un quintal de
harina y ese fue el reto, creo que lo vencí y me siento muy orgullosa de eso.
He pasado de un escritorio, uñas largas, tacos, a estar en las calles con
tenis, pelo recogido, uñas cortas, porque así es mi estilo, así es como me
siento cómoda. Yo soy muy de campo, y eso puede inspirar a muchas personas,
sobre todo mujeres, y creer que en Bolivia se pueden hacer emprendimientos que
pueden tener éxito.

