La Paz frente a la "Tormenta Perfecta" de 2026: Sed, El Niño y Gestión en Crisis
Por: José
María Herbas Postigo
Investigador
y Consultor en Agua y Saneamiento
La
Paz, mayo de 2026
El eje metropolitano de
La Paz, que involucra a ocho municipios urbanos y periurbanos del Departamento,
alberga a 500.000 conexiones de agua potable, más de 2.5 millones de habitantes
beneficiarios del servicio, se encuentra en el umbral de su mayor desafío
histórico. No se trata solo de una amenaza climática cíclica; es la
convergencia de una alerta científica global emitida por la NOAA (Oficina
Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica) y el monitoreo del SANAMHI
(Servicio Nacional de Meteorología e Hidráulica), el colapso de los glaciares
andinos y una operadora de agua, EPSAS S.A. Intervenida, debilitada por
escándalos de corrupción y una parálisis en la inversión estructural por más de
una década.
La matemática es simple
y aterradora: la demanda ha superado a la oferta, y el margen de maniobra se
agota.
La
Alerta de la NOAA: El Niño no espera
De acuerdo con los
últimos modelos de la NOAA, la probabilidad de que el fenómeno de El Niño se
instaure plenamente entre mayo y julio de 2026 ha alcanzado un crítico 61%.
Para el Altiplano
boliviano, esto no es solo una estadística; es el anuncio de una sequía
meteorológica severa y un aumento de temperaturas que llegará hasta los meses
de octubre y noviembre, 26-28°C en el área urbana y 28-30°C en el área rural, datos
por encima del promedio histórico de 22°C. Científicamente, este calentamiento
acelera la isoterma de 0 °C hacia altitudes mayores, sentenciando a los
glaciares de la Cordillera Real, como el Tuni-Condoriri.
En 2026, estamos
consumiendo los "ahorros" hídricos de las futuras generaciones. El
aporte del deshielo, que históricamente compensaba la falta de lluvias, hoy es
un recurso en declive que no podrá sostener el estiaje prolongado que se
avecina para el segundo semestre del año.
Balance
Hídrico: Una matemática que no cuadra
El balance entre lo que
La Paz necesita y lo que sus sistemas pueden producir ha entrado en números
rojos. Mientras el consumo metropolitano exige aproximadamente 77 millones de metros
cúbicos al año, la oferta firme de los sistemas actuales (represas y pozos
subterráneos) alcanza a 82 millones de millones anuales. A ello se resta la
pérdida del 10% de agua muerta en las represas y el 30% de pérdidas por agua no
contabilizada, debido a tuberías obsoletas y fugas físicas.
El déficit de 27.8 millones
de metro cúbicos, entre la oferta y demanda de agua, es responsable de la baja
presión que miles de vecinos perciben en sus hogares. Tragedia técnica que
agrava la vida de alteños y paceños que se ven obligados a modificar sus
hábitos y convivencia.
En este contexto, el
Proyecto Multipropósito —la gran promesa para El Alto— enfrenta su propia
prueba de fuego: si las cuencas de aporte también sufren por El Niño, su
capacidad de mitigación será insuficiente para cubrir la brecha, peor aún si el
anhelado proyecto continúa con problemas técnicos y sociales que postergan su
conclusión.
Corrupción:
El costo de la negligencia y la politización
La crisis de gestión en
la Empresa Pública Social de Agua y Saneamiento (EPSAS) ha pasado de ser un
problema administrativo a una amenaza de seguridad ciudadana. La reciente
judicialización de exejecutivos por conducta antieconómica, vinculada a la
compra irregular de tuberías con sobreprecio y fallas técnicas por un valor de
Bs 15 millones, revela una realidad indignante: el dinero que debió usarse para
renovar la red y evitar fugas fue desviado o malgastado.
Esta falta de inversión
estructural ha dejado a la metrópoli sin "Plan B". Mientras ciudades
modernas apuestan por sensores inteligentes y telemetría para gestionar cada
gota, EPSAS lucha contra su propia obsolescencia. La intervención estatal, que
debía ser temporal y técnica, se ha tornado política y opaca.
La ilegal y sostenida
Intervención, promueve un manejo discrecional de los recursos desde el año 2013,
facilitó la designación irregular de Interventores y permitió la corrupción
descarada.
El
derecho al agua bajo amenaza
Bajo el Artículo 16 de
la Constitución Política del Estado, el agua es un derecho humano fundamental.
Sin embargo, en la gestión 2026, ese derecho pende de un hilo. La falta de
transparencia en los niveles reales de las represas y la ausencia de un plan de
contingencia claro para el fenómeno de El Niño ponen en riesgo no solo la
higiene y la salud pública, sino la estabilidad social de la región más poblada
de Bolivia.
Muchos coincidimos en
que la solución ya no es solo esperar a que llueva. Se requiere una
institucionalización inmediata de la empresa de agua, una auditoria técnica
externa a las represas y un plan de choque para sellar las fugas que desangran los
sistemas de distribución de agua potable.
Conclusión:
Un Llamado a la asamblea.
La Paz y El Alto no pueden
ser rehenes de la ineficiencia. La Alerta científica está dada y los datos
técnicos están sobre la mesa. La ciudadanía, a través de sus asambleas vecinales
y representantes, deben exigir que el agua deje de ser un botín y sea un
servicio técnico eficiente. El Niño 2026 está a las puertas, y esta vez, la
excusa de la “sorpresa” climática” como el año 2016 ya no es válida. El tiempo
de actuar es ahora, antes de que el silencio de los grifos se convierta en el sonido
de una nueva crisis hídrica.

