Martin Caparrós, escritor argentino radicado en España

Martín Caparrós, escritor argentino: "Me duele volver a un país donde eligieron a un gritón desquiciado"

El escritor y cronista, que vive hace más de doce años en Madrid, fue homenajeado en la Facultad de Filosofía y Letras., "Me duele volver a un país donde quince millones de personas eligieron a un gritón desquiciado" señaló. Daniel Guebel definió a Caparrós como "nuestro Balzac" y destacó que en toda su obra “se escucha siempre el murmullo de una voz que se abre y sabe cómo seguir hablando, que se enamora de sí misma y lucha contra esa fascinación”.

La emoción brillaba en la mirada de Martín Caparrós en su regreso a una casa educativa donde dejó de llamarse “Mopi”, como lo conocían en la infancia y la adolescencia. Familiares, amigos, periodistas, escritores y estudiantes lo ovacionaron cuando entró en su silla de ruedas al aula 108 de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) para recibir el Doctor Honoris Causa. “Esta noche ya podré sentarme con mi abuelo y con mi padre en una cena de doctores, porque ellos siempre fueron ‘el doctor Caparrós’”, dijo el flamante doctor. “Me impresiona y me emociona esta distinción dentro de uno de los pocos lugares a los que creo pertenecer”, agregó durante el acto que estuvo encabezado por el rector Ricardo Gelpi; el decano de la Facultad de Filosofía y Letras, Ricardo Manetti; la vicedecana, Graciela Morgade y el escritor Daniel Guebel, a cargo de la laudatio.

En el acto en el que impusieron a Martín Caparrós el Honoris Causa, Caparrós también leyó un texto que preparó para la ocasión. “Soy un cobarde; hui de mi fracaso, de nuestro fracaso; llevo más de doce años sin vivir en mi supuesto país, en la Argentina, y en mi innegable ciudad, Buenos Aires”, confesó el ganador de los premios Planeta y Herralde de novela, el premio Roger Caillois y los premios Rey de España, Moors Cabot y Ortega y Gasset de periodismo, entre tantos otros, y recordó su experiencia como estudiante del Colegio Nacional de Buenos Aires. “En el Colegio aprendí que intentar era mejor que no intentar; pensar mejor que no pensar; querer mejor que no querer; coger mejor que no coger, y que tener la ilusión de que podías cambiar el mundo era tanto mejor que no tenerla”, reconoció el escritor que en 1974 empezó a estudiar Historia y encontró en la Universidad de Buenos Aires su nombre. Antes, durante su infancia y adolescencia, era “Mopi” o Caparrós. Como Antonio Caparrós, su padre, había recuperado una cátedra en la universidad y el hijo no quería tener que aclarar que no era su padre (ambos se llaman Antonio), decidió usar su segundo nombre, Martín.

Después del exilio forzado por la dictadura cívico militar, volvió al país en la década del 80 y dio clases en una cátedra que estaba a cargo del filósofo y escritor Nicolás Casullo. “Renuncié una tarde en que entendí que mi salario de ese mes ya no llegaba a cuatro dólares, y no quería ser cómplice de esa ficción menemista según la cual el Estado argentino pagaba la formación de sus jóvenes”, explicó y aportó datos comparativos de pobreza, inflación y educación en Argentina. A fines de los 60, uno de cada treinta argentinos estaba bajo la línea de pobreza; ahora es uno de cada tres. “Si lo privado siempre fue una característica de las sociedades latinoamericanas, Argentina era el país de lo público; ya no. Hace cincuenta años, solo uno de cada diez chicos iba a la escuela privada; ahora, tres de cada diez. Hace cincuenta años, un diez por ciento de inflación anual era un peligro; ahora sería un logro extraordinario”, ironizó.

“Sin ideas, sin debate, sin futuro, la Argentina se volvió un país reaccionario, uno donde cada gobierno hace tantos desastres que el siguiente asume para reaccionar contra ellos. Un país reaccionario es un país sin proyecto, hecho a manotazos, deshecho a manotazos”, planteó el escritor y cuestionó que cada vez más conductas anormales parezcan normales. “Nos parece normal que tantos coman poco, que tantos vivan mal, que tantos mueran antes. En el pináculo de todo eso, hay un señor que parece que entendió este clima social y decidió aprovecharlo -enfatizó sin mencionar a Milei-. Decidió que el odio y el rencor y el desprecio y el maltrato eran las herramientas que le ganarían el apoyo de millones y millones de personas que, como él, se sentían injustamente relegados; por desgracia, no se equivocó”.

El doctor Caparrós dio cátedra sobre lo que implica vivir en una sociedad donde el rencor y la crueldad son valores victoriosos. “Me duele volver a un país donde quince millones de personas eligieron a un gritón desquiciado, el seguidor de un perro muerto, un sujeto tan desagradable, tan primario, para que los representara. Parece que millones y millones de argentinos se sienten sintetizados por este señor que vocifera, amenaza y maltrata. Este señor que no puede imaginar o soportar que nadie más tenga razón. Este señor que odia a los distintos y convoca a ultimarlos. Este señor que teme tanto a la cultura y la ataca por todos los medios posibles. Yo nunca creí que mi país tuviera tanto odio, nunca creí que fuera así. Siempre supuse que la Argentina era otra cosa; ahora, por decisión de sus grandes mayorías, parece ser un país que se ensaña con sus débiles y por eso se hunde en su fracaso”.