Mauricio Rodríguez: “Creo que la escritura es a veces tantear en la oscuridad”
Otra vez la literatura está de
fiesta por la emergencia de jóvenes escritores que le están dando otro aire a
las letras bolivianas.
En pasadas semanas, el
país conoció al ganador de la última
versión del Premio de Literatura Franz Tamayo de cuento. Este año, el galardón
recayó en Mauricio Rodríguez, quien con algunas intermitencias está forjando
una carrera como escritor. Rodriguez logró
un gran objetivo y seguramente irá por más.
¿QUÉ PUEDES EXPRESAR DEL VALOR
Y PRESTIGIO DEL CONCURSO FRANZ TAMAYO, QUE EVALÚA LOS MEJORES CUENTOS DE
NUESTRO PRESENTE?
Creo que el Franz Tamayo es
uno de los concursos más antiguos y más importantes de Bolivia. Empezó como un
concurso de poesía y luego fue de cuento. En el área de cuento es el más
importante de nuestro país. En novela, está el Premio Nacional de Novela, que
hace varios años no se convoca. En el Franz Tamayo participan escritores de los
diferentes departamentos. Por ejemplo, la primera vez que participé (con un
cuento del que ahora me avergüenzo), Giovanna Rivero fue la ganadora. También,
en otras versiones, fueron ganadores Willy Camacho, Mauricio Murillo. Si no me
equivoco, René Bascopé salió ganador en una de las versiones.
¿TENÍAS CLARO QUE EN ALGÚN
MOMENTO OBTENDRÍAS EL MAYOR GALARDÓN DEL CONCURSO FRANZ TAMAYO O SIEMPRE ESTÁ
PRESENTE ALGÚN GRADO DE INCERTIDUMBRE E INSEGURIDAD?
Es la tercera vez que
participo en el Franz Tamayo, las dos primeras salí mención de honor. Las
primeras veces, creo que lo hice más por descubrir quién soy y qué hago (mi
voz, mi lugar en la escritura). Creo que la escritura es, a veces, tantear en
la oscuridad. Además, durante muchos años tuve un bloqueo de escritor. Una
parálisis de escritura. Me fue muy difícil continuar. Las palabras apenas
brotan, quedan truncas. Antes de ser escritor, soy lector. En ese sentido,
nunca dejé la literatura. Hace algún tiempo, con el apoyo de mi esposa, volví a
escribir. Pero ya desde otro lugar, si se quiere. Desde cierta madurez. Lo
compararé con el fútbol. Los jugadores dan su mejor versión en su veintena, se
preparan para esa década. En cambio, creo que los escritores nos preparamos
para cuando llegamos a los cuarenta. En esa época, podemos dar nuestras mejores
versiones. En ese sentido, la literatura y la escritura son una preparación
constante, de vida, de lecturas, de escritura.
EN LA ACTUALIDAD SE ADVIERTE
LA EMERGENCIA DE UNA GENERACIÓN DE NARRADORES QUE LE ESTÁ DANDO OTRO AIRE AL
CUENTO EN BOLIVIA, ¿QUÉ PUEDES DECIR AL
RESPECTO?
Estoy agradecido de pertenecer a esta generación (¿la del Bicentenario?, ¿la Generación del 25?). Creo que los escritores somos más conscientes de la labor en la escritura, pero también de que no estamos en una constante lucha de egos, de envidia, de pose de maniquí. El cuento está en su mejor forma. Tenemos a Rodrigo Villegas, que salió mención de honor en esta versión o José Luis Durán (que salió en segundo lugar y también es premió Crispín Portugal). Está Liliana Colanzi, Giovanna Rivero, Maximiliano Barrientos, Wilmer Urrelo (un poco anteriores a nosotros, son algunos, pero hay más).
“La literatura está
hecha de crisis, así como Bolivia”
Narro las calles
que camino, los problemas que vivo (bloqueos, convulsiones, racismo,
migración). Tal vez, lo que me diferencia de los demás escritores es el humor
que coloco a mis cuentos o crónicas.
¿CUÁL ES LA CIRCUNSTANCIA O MOMENTO EN EL QUE
TE INSPIRASTE A ESCRIBIR EL CUENTO QUE TE PERMITIÓ GANAR EL CONCURSO FRANZ
TAMAYO?
Creo que mi
literatura está hecha de crisis (así como está hecha Bolivia). Mi cuento nace a
partir de mi labor diaria (doy clases de Literatura). Me imaginé qué pasaría si
una profesora de inicial estuviera a punto de dar a luz en esta crisis de
gasolina, bloqueos, burocracia, ¿nuestro patriotismo? A partir de esa idea
empezaron a nacer intuiciones y luego la trama. Además, tuve que nutrirme de
investigación: ¿por qué estamos en crisis? ¿cuál es el motivo? (la literatura
creo que está más hecha, sobre todo, de preguntas que de respuestas). A eso le
sumé la cultura pop. Mis referencias, mis lecturas, mi vida. De esa mezcla
molotov salió mi cuento.
TÚ GANASTE EL
CONCURSO, PERO SEGURO QUE ESTÁS VIENDO A OTROS JÓVENES NARRADORES PLANTEAR
ESTILOS O PROPUESTAS QUE ESTÁN REFRESCANDO ESE GENIAL OFICIO EN BOLIVIA
¿PODRÍAMOS HABLAR DE ALGUNOS AUTORES?
Sí, como te digo,
estoy muy agradecido de pertenecer a esta generación. Tenemos a Karen Veizaga,
Lourdes Reynaga, Rodrigo Villegas, José Luis Durán, Gustavo Munckel, Miguel del
Carpio, Fabricio Callapa. Admiro mucho a estos escritores, cada uno está en su
lucha por escribir Bolivia, por narrar Bolivia. Cada uno a su modo. Creo que
estamos en una generación que está intentado contestar a la pregunta ¿qué es lo
boliviano o quién es boliviano?
¿CONSIDERAS QUE LA
LITERATURA BOLIVIANA ESTÁ REFLEJANDO LA CONVULSIÓN, ANGUSTIAS E INCERTIDUMBRES
QUE HOY GOLPEAN A BOLIVIA Y LA HUMANIDAD, CUESTIONES COMO LAS MIGRACIONES, EL
RACISMO Y LA TEMÁTICA DE LOS DERECHOS HUMANOS?
Sí,
definitivamente. Cada uno a su modo. Creo que en la literatura, en primer
lugar, está lo estético, el goce. Claro, yo narro desde un lugar: mi ciudad,
mis angustias, mis lecturas, pero mi literatura está de la mano con lo que es y
fue Bolivia. Narro las calles que camino, los problemas que vivo (bloqueos,
convulsiones, racismo, migración). Tal vez lo que me diferencia de los demás
escritores es el humor que coloco a mis cuentos o crónicas. Ese humor que hace
que no nos volvamos locos de tanta realidad. Ese humor boliviano,
contradictorio, que nos saca risas, pero que nos debería sacar lágrimas. Eso
sí, no hago antropología, ni psicología, ni sociología. La narración está,
sobre todo, para crear mundos, personajes, para que quien lea pueda conocer una
verdad a través de la mentira que es la literatura, pero que esa mentira sea
con mayúsculas.

