2025: elecciones con incertidumbre ¿cómo llegaremos a los comicios?

Pronto tendremos nuevas elecciones en Bolivia y las preguntas han ido variando. Cuando se lanzó la convocatoria, la cuestión era de contexto: ¿en qué condiciones llegaremos a los comicios? Con la judicialización del proceso y renovadas amenazas de conflictividad, algunas voces dudaron: ¿Llegaremos? Hoy la interrogante es más sustantiva y crítica: ¿qué tipo de elecciones tendremos el 17 de agosto?

La pregunta sobre la integridad electoral interpela la esencia no solo de los comicios, sino de la democracia. En un contexto de crisis múltiple, llegar es meritorio pero insuficiente. Más allá del requisito de elecciones plurales, transparentes y con participación ciudadana, debemos preguntarnos si serán competitivas y, por tanto, si garantizarán la legitimidad de origen del próximo gobierno.

Certezas e incertidumbres

Un principio democrático fundamental, como plantea Przeworski, es “certeza en las reglas e incertidumbre en el resultado”. Durante más de una década, entre 2009 y 2019, tuvimos certeza tanto en las reglas como sobre el resultado. En 2025, en cambio, se impone la peor combinación posible: judicialización de las reglas y posible fragmentación del resultado.

A ello se suma el contexto, que puede sintetizarse en cuatro palabras: crisis, desconfianza, polarización e incertidumbre. Crisis multidimensional, en especial económica y político-institucional. Desconfianza ciudadana en casi todos los líderes e instituciones. Persistente polarización, agravada con la implosión del MAS-IPSP y la fragmentación opositora. Y un sentimiento predominante de incertidumbre, sazonada con miedo y tímida esperanza.

Así nos encaminamos a una elección decisoria.

Factores de riesgo

El proceso electoral se inició con algunos factores de riesgo. El principal era la judicialización: que las decisiones no las tome el TSE, sino magistrados y jueces. Se temía también por la debilidad de la institucionalidad electoral. Había dudas asimismo sobre la vigencia de partidos, dos de los cuales fueron cancelados. Y estaba en mesa la implementación de un sistema de resultados preliminares. En general, estas cuestiones se han ido despejando.

¿Qué persiste como factor de riesgo? El reciente estudio Delphi de la Fundación Friedrich Ebert (FES), identifica tres preocupaciones: que se no pueda votar en todo el territorio, que haya violencia en torno a las urnas y que actores relevantes desconozcan el resultado. El tercer factor, asociado a la narrativa del “fraude”, es obra de quienes pierden elecciones y, con vocación antidemocrática, no quieren reconocerlo. Los otros factores se deben a la proscripción de la candidatura del expresidente Morales. A reserva del debate sobre la reelección, sería muy delicado que el bloque evista apueste por el boicot bajo la consigna “Sin Evo no hay elecciones”. Es crítico.

Llegar al 17  de agosto, ¿y después?

Falta poco para las opacas elecciones del 17 de agosto. Si no ocurre algo excepcional, llegaremos a la jornada de votación. Nada mejor que las urnas para resolver las diferencias en democracia. La pregunta fuerte es por el día después.

El 8 de noviembre habrá un nuevo binomio presidencial electo, al igual que una renovada Asamblea Legislativa. La pregunta por el después (de los comicios) se refiere a las condiciones de gobernabilidad. Esto es relevante porque probablemente habrá un Gobierno minoritario y débil. Tendrá que pactar. Y ese Gobierno debe asumir una agenda compleja contra la crisis económica y de reforma institucional. No es poco.

En síntesis, nos encaminamos a unas elecciones inciertas de cuyo resultado dependerá no sólo la renovación de los órganos Ejecutivo y Legislativo, sino también la previsible recomposición del campo político y la reorientación del modelo económico. Son tiempos intensos, difíciles e interesantes.

Cambio de sistema

Durante más de una década, tuvimos en Bolivia un sistema de partido predominante: el MAS-IPSP. Es un sistema en el que un partido gana sucesivamente las elecciones y lo hace con mayoría absoluta de votos. En el caso del partido azul, bajo el liderazgo de Evo Morales, logró incluso mayoría especial de dos tercios. Así, hubo un “Gobierno monocolor” que, con vocación hegemónica, decidía en solitario sin necesidad de pactar. Ese sistema implosionó en los últimos años. ¿Qué se puede esperar luego de las elecciones de agosto? Habrá una recomposición del campo político. Y es probable que se vaya configurando un sistema de partidos de pluralismo polarizado, con cuatro a cinco fuerzas políticas que cuentan, pero todas minoritarias. Ello implica que, para evitar la parálisis decisoria, el nuevo oficialismo tendrá que construir acuerdos de gobernabilidad.

José Luis Exeni Rodríguez