Empresas públicas: motores de industrialización, inclusión y desarrollo
En Bolivia, las empresas públicas no son simples unidades económicas: son herramientas de liberación, redistribución y transformación estructural. Son la expresión concreta de un Estado que no se resigna solo a ser espectador del mercado, sino que actúa como protagonista del desarrollo, garante de derechos y constructor de soberanía. Su impacto por tanto se visibiliza desde la producción de la materia prima, la industrialización de recursos naturales, comercialización a precio justo, redistribución de ingresos, la generación de empleo y la dinamización de las economías locales.
Industrialización con rostro boliviano
Hasta el año
2019, se establecieron 57 empresas
públicas y más de 143 plantas industriales
en 82 municipios del país, en sectores estratégicos como hidrocarburos,
minería, energía, telecomunicaciones, transporte y alimentación.
En el periodo
2021-2024, este proceso ha dado un salto cualitativo y cuantitativo con un
presupuesto de más de 32 mil millones de bolivianos; se ha iniciado la
construcción e implementación de más de 190
nuevas plantas industriales (64 de ellas administradas por las
instituciones dependientes del MDPyEP,
12 por MDRyT, 8 por MHyE, 3 por MMyM, 2 por UPRE de MP, 108 por el MPD y
FPS a través de fondo concursable FOCIPP siendo encargados de su operación los
Gobiernos Municipales); la creación de 5
empresas públicas (LIFAB, IBQ, IBAE,
KOKABOL y B-AGRO), con el propósito de que la producción pueda cubrir el
mercado interno sustituyendo importaciones, generar excedentes para su exportación
y dinamizar las economías regionales.
Esta política de
industrialización está ligada al desarrollo territorial y aprovecha las
potencialidades productivas de cada región, la misma ha permitido consolidar
proyectos como las Plantas de: Amoníaco y Urea (2017), Biodiésel (2023),
Producción de Subproductos de Soya (2024), Transformación de Camélidos (2024),
Almacenamiento y Transformación de Cereales en La Paz (2024) y Complejo
Siderúrgico del Mutún (2025), además, de Plantas Procesadoras de Lácteos entre
otras industrias importantes que están en etapa de construcción o
implementación. Asimismo, están en proceso de construcción diversas plantas de
alimentos, la industria farmacéutica, química básica, fertilizantes, extracción
de aceite de palma, vidrio, carne, piscícolas, centros de acopio (silos),
productos Amazónicos y del Chaco entre otros, que fueron demandas históricas de
industrialización como por ejemplo la planta de transformación de camélidos en
Oruro, la de subproductos de soya en Santa Cruz y la de frutos amazónicos en
Pando.
El Rostro Humano de las Empresas Públicas:
Redistribución y Lucha Contra la Pobreza
Las empresas
públicas en Bolivia son catalizadoras de la dinamización económica, por
ejemplo, el año 2024, generaron más de Bs 2.400 millones en utilidades netas y
más de Bs 46.600 millones en ingresos. Estas entidades no sólo impulsan la
industrialización y la seguridad alimentaria, sino que transforman sus
utilidades en un motor de redistribución de la riqueza. La prueba más
contundente es su aporte colectivo de Bs
477,5 millones en 2024 para el Bono Juancito Pinto, beneficiando a 2,34
millones de estudiantes en todo el país. Un reflejo directo de cómo los
excedentes generados por las empresas públicas reinvierten en el capital
humano, asegurando que el crecimiento económico se traduzca en una prosperidad
inclusiva y un futuro más prometedor para millones de estudiantes bolivianos.
Empresas
públicas como por ejemplo CARTONBOL, ECEBOL y EBA, no sólo generan valor
agregado a las materias primas, sino que transforman excedentes económicos en
oportunidades educativas. Cada caja de cartón, cada bolsa de cemento, cada
leche, miel o fruta procesada se convierte en un acto de justicia social,
asegurando que miles de niñas y niños permanezcan en las aulas. De esta forma,
la industrialización estatal no sólo genera riqueza, también redistribuye
dignidad.
El bono no
proviene de impuestos, sino del corazón productivo del Estado: 25 empresas
públicas convirtieron su crecimiento del 34.4% (2023-2024) en el instrumento
más efectivo contra la deserción escolar, además de transformar la materia
prima, adquirir dicha materia prima a precios justos de los productores,
proveer esa producción al mercado interno y también destinar a su exportación,
este es el círculo virtuoso de la industrialización.
Algunos
analistas y políticos denotan su desconocimiento sobre presupuesto
gubernamental, al señalar de manera errónea que el Tesoro General de la Nación
subvenciona a las empresas públicas y tendrían supuestamente, resultados
negativos, cuando no es así. La Empresa
Boliviana de Alimentos y Derivados (EBA), por ejemplo, el año 2024, generó
recursos corrientes por Bs 442.645.686
y obtuvo un resultado positivo del ejercicio de Bs 2.746.526 en el mismo año; en el caso de Cartones de Bolivia
(CARTONBOL) mostró un crecimiento robusto en sus recursos corrientes,
alcanzando Bs 38.481.252 en 2024, su
resultado del ejercicio mejoró de Bs 920.916 en 2023 a una utilidad de Bs 1.627.666 en 2024, reflejando una
mayor eficiencia operativa pese al aumento en los costos de bienes y servicios.
Lógicamente estos ingresos que constituyen recursos propios de las empresas
públicas tienen que registrarse en el Presupuesto General de la Nación, para
que posteriormente sean transferidas a las mismas empresas, pero eso no
significa de ninguna manera, que estén subvencionadas con recursos del Estado;
estas empresas viven con los recursos que generan por la venta de sus
productos.
Además, todo
estudiante de contabilidad sabe que las empresas que realizan grandes
inversiones industriales, su depreciación de activos fijos tiene un impacto en
la reducción de las utilidades durante los primeros años de inicio de
operaciones, incluso hasta alcanzar su maduración o punto de equilibrio como
están descritos en sus planes de inversión o estudios de factibilidad. Como se conoce empresas públicas o privadas
después de realizar altas inversiones iniciales tienden a generar pérdidas en
los primeros años, hasta lograr su consolidación en el mercado.
Dinamización de las economías locales
Cada planta
industrial construida por el Estado no es sólo una fábrica: es un motor que
enciende la economía local y regional. Desde la Amazonía hasta el Altiplano,
las empresas públicas han generado más de 41.000
empleos directos e indirectos, impulsando el consumo local, fortaleciendo
cadenas productivas y creando nuevas oportunidades y emprendimientos que se
articulan a las plantas industriales estatales. El salario de un trabajador de
ENVIBOL en Zudáñez, el proveedor de arroz de EMAPA en San Andrés o la comunidad
recolectora de almendras que abastece a EBA en Pando, los productores de
camélidos en Turco que venderán sus llamas a la Industria de Camélidos, o los
piscicultores que venderán a las Plantas Piscícolas en lago Titicaca, Villamontes
y Rurrenabaque, todos ellos forman parte de un ecosistema económico que se
expande desde lo público hacia lo comunitario. Esta es la Bolivia que produce,
que transforma y que redistribuye: una economía que no se concentra en los
centros de poder o en pocas manos, sino que florece en cada región con
identidad, empleo y dignidad.
Las empresas
públicas son una conquista del pueblo boliviano, porque prioriza la vida sobre
la ganancia, la inclusión sobre la exclusión, la soberanía sobre la dependencia,
por eso es importante concretar la implementación y poner en operaciones estas
plantas industriales estatales.
Frente a las
propuestas de privatización y cierre de algunos candidatos, éstos deben
analizar con mayor propiedad el rol y la importancia de las empresas públicas
en el desarrollo de la economía local y nacional; puesto que las mismas, de
manera paulatina están logrando resultados de crecimiento y generan ingresos económicos, porque donde
otros ven déficit o gasto, el pueblo trabajador ve inversión social y
oportunidad de desarrollo sin ser explotados.

