La biblioteca de milei
Tengo una muy mala noticia para Milei: el arte de Gobernar
es infinitamente más difícil que el arte de Panelear (es decir: comentar
absolutamente todo en televisión, radio y redes sociales).
La tan anunciada Nueva-Vieja Era en Argentina ya está aquí.
Y a partir de ahora el presidente, además de hablar, tendrá que actuar y tomar
decisiones. Se le acaba un ciclo exitoso, en el que le bastaba con acudir a
entrevistas y decir “cualquier cosa”. A partir de este momento, no le valdrá
únicamente con Saber-Comunicar. A esta experticia tendrá que sumarle otra:
Saber-Hacer.
Dicho de otro modo: Gobernar requiere del Poder Ejecutivo y
no solo del Poder Comunicativo. Lo que implica, a su vez, transitar de las
generalidades a los detalles. Esto es: traducir al terreno de lo concreto su
mantra del “ajuste+shock+motosierra porque no hay alternativa”.
Es la hora de la letra pequeña.
Milei deberá precisar y especificar cómo se aplica cada
idea, con qué instrumento legal, con cuánto apoyo parlamentario cuenta, cuál es
su sustento social, a quién afecta, en qué magnitud, en qué tiempo.
Para afrontar este desafío propio de la praxis política que
se le avecina, Milei, que presume de ser muy buen lector, seguramente buscará
en libros y textos las respuestas más certeras.
¿Cómo será la Biblioteca que tiene el presidente en la
Quinta de Olivos? ¿Cuántas corrientes de pensamiento estarán presentes? La
imagino con cuatro estanterías, con estos títulos: una, Anarco-Liberalismo
Experimental; dos, Macrismo Conservador; tres, Retro Menemismo; y cuatro,
Negacionismo a lo Villarruel.
Como sucede en toda librería, también hay una sección
llamada Cajón de Sastre (aunque también podría ser denominada como Cajón
Desastre), con un poco de todo: FMI, Doctrina Monroe, Jabad-Lubavitch,
Darwinismo, Fascismo, Cinología, Banca y Especulación, Anarquismo y, por supuesto,
Autoayuda.
Una amalgama muy variopinta que genera zozobra e incertidumbre.
Más de la que había.
Porque, además, ninguna Biblioteca en la vida real de un
presidente logra mantener tanto orden como el que pueden tener las estanterías.
Habrá disputa entre las diferentes doctrinas y habrá conflicto de intereses
entre los diferentes actores.
Hay demasiadas “manos invisibles” y poderosas que, en
definitiva, fungirán como los verdaderos hacedores de lo que Milei llama “el
orden espontáneo libertario”, que consiste sencillamente en el mismo orden que
pregona el neoliberalismo desde hace medio siglo.
Este podría ser el futuro de Argentina salvo que sobrevenga
un hecho social no tan improbable: que un gran porcentaje de aquellos que le
respaldaron electoralmente comiencen a oponerse políticamente.
Este fenómeno, que puede parecer utópico en los primeros
días, con el paso del tiempo ocurre más regularmente de lo que nos imaginamos.
Sobre todo cuando el presidente confunde el voto de la segunda vuelta con su
base real; y cuando no sabe diferenciar entre el volumen de ciudadanos que le
eligieron ante un escenario condicionado en el que hay mucho voto anti (55%) y
quienes verdaderamente confiaron en él, tanto en las PASO como en primera
vuelta (30%).
Es más: este casi tercio es muy heterogéneo y, además,
altamente volátil. Que va y viene. Que hoy elige una canción y mañana otra. Un
sujeto cada vez más característico de las Democracias Spotify que emergen a
nivel global.
El Fin de la Fidelidad (para siempre) a un partido político
permitió, entre otras razones, que Milei llegara a la Presidencia. Pero,
paradójicamente, este mismo rasgo de época también podría ser la causa de una
pérdida acelerada de sustento si no resuelve los problemas cotidianos de la
gente a la mayor brevedad posible. Porque las necesidades jamás tienen
paciencia.
Si Milei cree que puede seguir en campaña electoral como si
nada, y que todo se resuelve comunicando, con diagnósticos falsos y propuestas
genéricas, el “mileísmo” no ganará la batalla política. Ni tampoco la cultural.
Porque para que triunfen las ideas no se pueden descuidar los hechos y sus
consecuencias.
(*) Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y
director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag)

