El drama de Somalia

Somalia, el país que entierra a bebés muertos de hambre: “Ya solo confiamos en la ayuda de Dios”

El País/El cierre de más de 200 centros de salud por los recortes de financiación internacional y el encarecimiento de suministros por la guerra de Irán y el conflicto interno, golpean a una población, sobre todo la infantil, muy debilitada. La previsión de inundaciones por ‘El Niño’ obligará a desplazarse a dos millones de personas

Shukri Mahad Mohamed tiene cuatro años. Pesa cuatro kilos y medio. Eso supone unas cuatro veces menos de lo que debería pesar. Su figura esquelética se pierde entre el tejido que lo mantiene envuelto en el regazo de su madre. En riguroso silencio, sobre una silla de plástico, Madina Osman Hassan, de 22 años, observa el rostro consumido de su hijo en el Hospital Daynile de Mogadiscio, capital de Somalia, primer país donde, en 2011, se decretó una hambruna en el siglo XXI.

Esa negra sombra planea ahora de nuevo en medio de una escalada de recortes en la ayuda internacional, sostén imprescindible del país, que ha obligado a cerrar más de 200 centros de salud y nutrición. Se unen el encarecimiento de los suministros —incluidos algunos esenciales como combustible y agua— por las guerras en Irán y Yemen, lo que sitúa al país en una coyuntura todavía más complicada. El caso de Somalia es especialmente grave, pero el impacto de la tormenta perfecta de la era de Donald Trump la sienten con virulencia también muchos otros países en el Sur Global.

El pequeño Shukri es uno de los más de 493.000 menores atendidos en este país por desnutrición aguda grave según la ONU, es decir, en peligro de muerte. Otros niños no llegan a remontar y son enterrados nada más nacer cuando ni siquiera tienen todavía nombre. Le ha ocurrido al último hijo de Amina Abukar Tifu, de 26 años, llegada en las últimas semanas al campamento de desplazados de Balow en Burhakaba, uno de los infiernos del hambre en este país del Cuerno de África.

El propio responsable de ese asentamiento, Abdi Adan, de 35 años, ha pasado por el mismo drama. “Yo mismo perdí el mes pasado a un hijo por el hambre. Nuestros hijos comen una vez al día”, lamenta recordando a Rashid, de tres años, durante una improvisada ceremonia de bienvenida al pie de las primeras cabañas. “Ya solo confiamos en la ayuda de Dios”, añade dando paso al mar de plástico, telas y desolación.

Esta y otras familias ponen rostro y nombre a una población sacudida por cifras a las que parece que la comunidad internacional se ha acostumbrado. Durante los seis primeros meses de 2026, Somalia ha registrado un aumento de un 32% respecto al mismo periodo de 2025 en el número de niños ingresados en centros de estabilización con desnutrición aguda grave. El cierre de centros complica la identificación de casos y su prevención.

“El riesgo de hambruna es real en distintas localidades”, advierte Ruth Situma, especialista en nutrición de Unicef, durante una visita al campo de Caaneyste, en la capital. “Solo el 5% de nuestros niños de entre 6 y 23 meses recibe lo suficiente para crecer y desarrollarse bien”, agrega. George Conway, coordinador humanitario de Naciones Unidas en Somalia, cree que se ha podido sortear la amenaza que se cernía sobre la población en estos meses pasados, pero añade que las semanas próximas, bajo una coyuntura desfavorable, son claves para comprobar si serán capaces con la escasez de medios de que disponen para aguantar el golpe.

 

 

Sahra Maday Abdinur, de 39 años, junto a varios de sus hijos en la tienda en la que habitan en el campo de desplazados internos de Caaneyste en Mogadiscio. Han llegado a la capital procedentes de una zona rural para poder combatir el hambre.

Luis de Vega

Una espiral de desgracias contribuye a acelerar estos días la posibilidad de que sea declarada de nuevo oficialmente la hambruna. La cooperación internacional se ha derrumbado especialmente tras el regreso de Donald Trump, en enero de 2025, a la presidencia de Estados Unidos. Este país ha pasado de ser el primer donante a ocupar el décimo puesto. El déficit de ayuda es hoy de aproximadamente del 69,5%. Es decir, se recibe alrededor del 30,5% de los 852 millones de dólares (unos 747 millones de euros) requeridos.

La situación ya era crítica el año pasado, cuando solo se logró cubrir el 29,3% de los 1.420 millones de dólares solicitados. La caída resulta aún más acusada si se compara con 2022, cuando se llegó a cubrir el 92% de los 2.270 millones de dólares requeridos en el plan de respuesta humanitaria, según datos de la ONU.