Tomave, el municipio de potosí con aguas termales, cultura e historia

Tomave es un lugar más allá del Salar de Uyuni que invita a conocer la cultura y  la historia de Bolivia, además de disfrutar de majestuosos paisajes entre cerros y  sentir las relajantes aguas termales. Entre los paquetes turísticos, algunas agencias ponen al lugar de Tomave como espacio único para visitar.

Antecedentes históricos

El Municipio de Tomave, capital de la Segunda Sección de la provincia Antonio Quijarro, departamento de Potosí, fue creado mediante Ley de la República 323 de 27 de enero de 1967, durante el Gobierno del Gral. René Barrientos Ortuño. Tiene paisajes y clima variado, desde montañas nevadas, altiplano y cabecera de valles, bañado de muchos ríos y riachuelos que desembocan en el río Tumusla, cuenca del Plata. La altitud promedio es de 3 mil a 4 mil msnm.

Según las tradiciones orales recogidas por cronistas y el testimonio arqueológico, los primeros pobladores del actual territorio del municipio de Tomave formaron parte de la nación Killakas y Qharaqharas. Los Killakas ocuparon la parte occidental de la provincia Quijarro, conformado por los curacazgos de Siwaruyus y Arakapis, organizados en ayllus o grupos de parentesco.

La visita a la iglesia Colonial

En el pueblo de Tomave, como primer recorrido, se puede visitar la iglesia colonial San Miguel.

Esta   iglesia fue construida en la época colonial y estuvo a cargo del sacerdote Jesuita Francisco de Miranda. La edificación tardó aproximadamente 30 años desde 1699 a 1728 y es una de las iglesias más bellas del departamento de Potosí.

Relax total a miles de metros de altura

Como algunos turistas recomiendan: “No vayas a este lugar a menos que quieras olvidarte del estrés por completo”. Tomave es un pequeño paraíso escondido entre las montañas. “Después de un par de horas, llegamos tempranito, hacía mucho frío, pero valió la pena. Frente a nosotros, las aguas termales nos esperaban tranquilas, humeantes, rodeadas de un hermoso paisaje”.

También los guías turísticos del lugar explican: “Estas aguas termales vienen del volcán que está en la región, prácticamente de la Cordillera de los Frailes, tienen una temperatura de 35 a 38 grados, que es muy agradable al cuerpo”. 

“Lo más bonito de este lugar no sólo fue el agua caliente, ni el paisaje, sino la paz que te transmite, todo estaba muy limpio, cuidado y se respiraba tranquilidad, pasamos la mañana ahí y antes de irnos nos despedimos con un delicioso chicharrón de llama. Este fue el broche de oro para cerrar nuestra aventura. Porque más allá del Salar, Uyuni guarda rincones mágicos que esperan ser descubiertos”, recomienda una de las visitantes.