Los hombres de la guerra
Analista Fernando Casado : «Cártel de los Soles es la operación de guerra psicológica para agredir a Venezuela"
La maquinaria mediática internacional reproduce sin
cuestionamientos una acusación tan grave como infundada: el presidente Nicolás
Maduro sería el jefe del supuesto «Cártel de los Soles», una organización
criminal dedicada al narcotráfico. Esta narrativa, impulsada desde Washington,
circula como verdad establecida pese a carecer de una sola prueba material que
la sustente. Para el académico y analista internacional Fernando Casado, se
trata de una operación deliberada de guerra psicológica diseñada para fabricar
un pretexto que justifique una intervención militar estadounidense en
Venezuela.
«No existe evidencia que vincule al gobierno venezolano con narcotráfico. Ni un gramo de droga. Ni un solo elemento que pruebe la existencia de ese supuesto cártel», afirma Casado. «Lo que estamos viendo es la construcción mediática de un enemigo para eludir cualquier rendición de cuentas ante el Congreso estadounidense«.
La legitimación de estas acusaciones ignora, según Casado,
la opinión de analistas especializados en narcotráfico —incluso aquellos con
líneas editoriales críticas hacia Venezuela— que no otorgan credibilidad al
señalamiento estadounidense. Organizaciones como InSight Crime han expresado
escepticismo sobre la afirmación de que Maduro encabece una estructura
narcocriminal.
Más revelador aún resulta el reconocimiento desde la propia
oposición venezolana, de que la acusación funciona principalmente como
«herramienta política internacional, más que como resultado de una
investigación judicial independiente».
Para Casado, este reconocimiento desnuda la verdadera
naturaleza de la operación: «Todos los actores involucrados son conscientes de
la falta de asidero jurídico. Los medios de comunicación actúan como cómplices
de una narrativa sin pies ni cabeza, mientras los especialistas en la materia
guardan un silencio cómplice ante la locura de afirmar la existencia de un
cártel inexistente».
Fabricar el pretexto
Estados Unidos busca, según el análisis de Casado,
justificar una posible acción militar sobre Venezuela sin advertir a su
Congreso, evadiendo así cualquier control o rendición de cuentas interna.
Endosarle a Maduro la supuesta jefatura de un cártel fantasma permite a la
administración Trump actuar sin tener que dar explicaciones ante su propio
legislativo.
«Esta estrategia sienta un precedente nefasto para una
región donde las intervenciones militares estadounidenses y la aplicación de la
Doctrina Monroe —que consideraba a América Latina como su ‘patio trasero’—
parecían ser parte del pasado», advierte el analista.
El despliegue militar estadounidense en la región, que
Casado califica de «grosero», tiene un costo altísimo y carece de justificación
real. Cualquier agresión contra Venezuela sería jurídicamente ilegal, sin
ningún tipo de amparo que permita una intervención. Además, afectaría
gravemente a las numerosas empresas multinacionales de los sectores bancario,
de aviación e hidrocarburífero que operan en el país, interrumpiendo relaciones
comerciales que perjudicarían a todos los países de la región y a los socios
europeos.
El silencio cómplice
La comunidad internacional, incluidos organismos como
Naciones Unidas, actúa de forma «tímida» ante esta escalada, lamenta Casado,
quien atribuye esta inacción al «chantaje presupuestario» ejercido por Estados
Unidos. Este contexto se agrava con decisiones como el cierre de USAID por
parte de Trump, que generó desempleo masivo en el ámbito de la ayuda
internacional y dejó a muchos organismos más vulnerables frente a las presiones
de Washington.
«Que la comunidad internacional se preste para este sainete
es una vergüenza», sentencia Casado. «Estamos ante una jugada de acoso y
derribo, un intento de provocar un derrocamiento ilegal del presidente Maduro.
Y todos lo saben».
El analista concluye que lo que está en juego trasciende el
destino político de Venezuela: se trata del regreso a una lógica
intervencionista que la región creía superada, donde las potencias fabrican
pretextos para actuar al margen del derecho internacional. Una guerra
psicológica que convierte a los medios de comunicación en trincheras y a la
verdad en su primera víctima.

