España es para siempre ¡carajo!, dicen los españoles al obtener merecidamente la Copa del Mundo
España es para siempre, carajo, porque si hay que jugar al
fútbol, se juega al fútbol, y se gana, y se gana por lo civil. Pero si hay que
ir a la guerra, se va, y se gana también, y se gana por lo criminal. Porque sí,
porque esta España es para siempre, es la campeona del mundo, es la mejor, la
más bonita, y la más fea, la más flaca, y la más gorda, la más alta, y la más
baja. La que si hay que pintar se pinta, y si hay que picar piedra, se pica.
España es todo lo que se puede ser en el fútbol y levanta la Copa del Mundo, la
segunda de su vida, al cielo de la ya inolvidable Nueva York. [Narración y
estadísticas (1-0)]
España es para siempre. Porque es el triunfo de la gente
normal. Porque es la felicidad de la gente normal. De gente como Unai, que
podría ser el conductor del autobús, de Porro, el fontanero, de Cubarsí, el
empollón, de Laporte, el dueño del ultramarinos, de Cucurella, que algo hará,
de Rodri, el contable, de Fabián, el enfermero, de Olmo, el taxista, de Lamine,
el nini, de Baena, el pintor, y de Oyarzabal, el... qué se yo, Oyarzabal podría
ser cualquier cosa, el vecino de arriba, o el de abajo, o el de al lado, y
tendría la misma cara, la misma calma, que marcando cinco goles en un Mundial.
O de Merino, consultor, o de Nico, cantante de rap, o de Zubimendi, profesor, o
Eric García, intelectual, o Pedri, ebanista, o Ferran Torres, ay Ferran, sabe
Dios qué sería de no haber tenido el don y el trabajo para unir su nombre, ya
para siempre, al de Andrés Iniesta.
España es para siempre. porque se lo merece, caramba, porque
no era justo. O sí. Pero no, no era justo, qué leches, que España llevara 106
minutos sin poder marcarle un gol a Argentina. No era justo que, habiéndolo
intentado 20 veces, intuyese de alguna manera unos penaltis que no merecía.
Resultó conmovedor el coraje de la Albiceleste, honor para ese equipo, no
obstante, que cerró la final sin siquiera tirar a portería. Scaloni agotó los
cambios a los 70 minutos porque, entre lesiones y asfixias, no había más. Se
quedó con uno menos justo antes de la prórroga por expulsión de Enzo Fernández
y aun así fue capaz de llevar a España a una sesión extraordinaria de agonía a
base de amor propio, de coraje. No tenía nada más, el fútbol hace semanas que
la había abandonado, pero es difícil imaginar a otro equipo llegando tan lejos
con tan poco.

