España y Argentina por el cetro mayor del fútbol mundial

Por segunda vez en su larga historia de penurias en los Mundiales, España llama a las puertas del paraíso. Una final de la Copa del Mundo contra Argentina y Leo Messi, la esencia del fútbol. Será uno de los más grandes relatos para nuestro país y que ofrecerá el desenlace al torneo en un estadio antiguo y sin el aura de los otros recintos americanos, el Met Life, ciudad de Nueva Jersey, a las afueras de Nueva York. El partido de una vida, para los jugadores, el entrenador De la Fuente y la afición de un país que vibra de nuevo con su selección.

Será el enfrentamiento entre dos estilos, dos maneras de interpretar el fútbol, el arte colectivo y la armonía del juego de la selección española, el mejor equipo de este Mundial, y el talante apasionado, la intensidad, todo por la bandera celeste y blanca de Argentina, un país que considera a este deporte una religión de fieles y fe.

Es el postre a un campeonato multitudinario de 48 equipos, 16 ciudades sedes repartidas en una locura viajera de México, Estados Unidos y Canadá y 39 jornadas de competición. Y por fin llega el partido 104 del calendario en un guión imposible de mejorar: la defensora del título conseguido en Qatar 2022 frente a la reina de Europa, vigente campeona de la Euro.

Es también, en el clímax de los alicientes, un duelo entre el considerado mejor futbolista de la historia, Leo Messi, y la joven estrella emergente en el panorama internacional, Lamine Yamal. Los dos únicos jugadores con el caché de divos para ocupar una de las pantallas gigantes de publicidad en Times Square, en el corazón de Manhattan.

Messi tiene 39 años, una leyenda a su espalda y todo hecho: un Mundial, dos Copas América y un oro olímpico con su selección más diez Ligas, cuatro Champions y siete Copas del Rey con el Barcelona. Total: 48 títulos. Lamine, 19 primaveras, tiene un futuro por explorar: una Eurocopa, tres Ligas y una Copa del Rey. Siete títulos.

Pero cunde la sensación de que la final puede estar en la bota de cualquiera de los dos. El viejo Messi que juega andando y decide partidos con la sutileza y la bendición técnica de su pie izquierdo. Y el joven Lamine que explota velocidad e ingenio cada vez que la toca. «El gran partido de Lamine está por llegar», pronosticó De la Fuente antes del duelo de cuartos de final ante Bélgica. Aún no llegó, tal vez en la final.