Evo morales, luis arce y sus juegos de suma cero
Evo Morales está peleando arduamente para evitar que su
archienemigo, el presidente boliviano “Lucho” Arce, emplee los mecanismos del
poder para doblegarlo y vencerlo. Pero hoy la voluntad ya no le alcanza. Cada
día son más las voces que piden a Arce aplique "mano dura” contra Morales,
sus bloqueos de caminos y su huelga de hambre.
Además, hoy el expresidente no enfrenta sus enemigos de
derecha de siempre, sino a sus excompañeros, que, más allá del estatus social
que han adquirido con el poder, también tienen raigambre e instinto populares.
Conocen a Evo mucho mejor que los señores neoliberales que siempre terminaban
siendo vencidos por él.
Durante estos veinte días, el Gobierno ha cometido un error
bastante grueso: intentar detener a Evo Morales el 27 de octubre en un
operativo que terminó con una balacera contra su vehículo
Los bloqueos de caminos han durado ya veinte días. Plantean
un “pliego petitorio” que fue mutando y terminó en 17 demandas, entre ellas la
habilitación de Morales como candidato presidencial del Movimiento al
Socialismo (MAS), bloqueada por una sentencia del Tribunal Constitucional
Plurinacional, se supone que por influencia oficialista. Otro de los puntos es
el cese de la persecución judicial contra todos los dirigentes sociales,
inclusive Morales, acusado de un delito sexual (sobre el que hasta la fecha no
ha querido pronunciarse en público).
Durante estos veinte días, el Gobierno ha cometido un error
bastante grueso: intentar detener a Evo Morales el 27 de octubre en un
operativo que terminó con una balacera contra su vehículo. Si una de las balas
cegaba su vida ahora los bolivianos estaríamos en una situación muy distinta,
que probablemente sería muy desfavorable para Arce, porque habría un polvorín
encendido en Bolivia. Pero eso no ocurrió, por suerte para todos.
Excepto por ese marrón, el ministro de Gobierno (Seguridad)
Eduardo del Castillo ha mostrado hasta ahora cierta pericia: reprimió
intermitentemente los bloqueos, siempre con armamento antidisturbios, y esperó
a que el peso de la falta de actividad económica recayera sobre los propios
bloqueadores. Arce y Del Castillo emplearon la misma estrategia de
"aguantar hasta que se cansen" en 2022, contra el “paro de los 36
días” de Santa Cruz.
Su espera tuvo frutos: sin un solo muerto en combate, aunque
sí con 66 detenidos acusados de “terrorismo”, lograron que el jefe histórico de
los cocaleros bolivianos propusiera el viernes un “cuarto intermedio”, es
decir, una pausa de los bloqueos. Este llamado de Morales no ha sido acatado
hasta ahora, pero sin duda acelerará el final del conflicto, que podría darse
la próxima semana.
Morales sufrió un gran desgaste por este bloqueo que
paralizó el comercio terrestre de la mitad del país y enfureció a las
habitantes de las ciudades, y él lo sabe. Para eludir su responsabilidad, usó
su vieja táctica política declarando que él "no quería ir al bloqueo,
quien quería era el pueblo". Para hacer más creíble esto, se limitó a
instar a sus compañeros a que suspendieran la medida.
Morales ha usado esta estrategia en repetidas oportunidades
en el pasado para dar la apariencia de que se subordina a las bases.
La tensión llegó a su máxima expresión el viernes 1 de
noviembre, cuando los bloqueadores tomaron uno de los tres regimientos
militares del Chapare y rodearon los otros dos
Aun así, su situación no es fácil, como muestra el que
comenzara una huelga de hambre, que es una medida defensiva y probablemente
también simbólica, ya que con ella solo pide que se abran dos mesas de diálogo
con el Gobierno, una para discutir la crisis económica y otra para hablar de la
situación judicial de los dirigentes sociales (la suya, por tanto). Pero el
Gobierno no quiere dialogar con él, quiere arrestarlo.
La tensión llegó a su máxima expresión el viernes 1 de
noviembre, cuando los bloqueadores tomaron uno de los tres regimientos
militares del Chapare y rodearon los otros dos. Hay que decir que esta toma no
fue tan violenta como podía haber sido porque hubo una negociación entre
militares y manifestantes.
Esta acción cocalera se explica por el temor que se ha
instalado en el Chapare porque muchas voces, desde la extrema derecha hasta los
“arcistas”, han pedido al unísono la intervención militar de los bloqueos.
Morales denunció que Luis Arce convocaría a los militares a desbloquear y se
produciría una masacre, lo que hasta ahora no ha ocurrido, para bien de todos.
Si la suspensión de los bloqueos se consolida en los
próximos días, Arce se quedaría con las mejores cartas en la mano, pero hay que
ver cómo las jugará en el futuro. ¿Detendrá a Evo por un caso de estupro que es
impactante para la población, pero tiene pocos elementos probatorios en
términos estrictamente legales? En tal caso, ¿cómo lo atrapará después del
bochornoso y peligroso traspié del anterior domingo? ¿Tratará de que el
expresidente se exilie, como quieren algunos de sus hombres de confianza (de
Evo)?
Por el momento Arce es el ganador, pero su capital político
está lastimado, pues Morales logró jalarlo hacia abajo. En primer lugar, los
masistas aún no han entendido algo: para la mayoría de los miembros de las
clases medias urbanas bolivianas no hay masistas buenos y malos, todos
simplemente son masistas, y su pelea interna es una muy buena noticia porque
anticipa su fin. Ninguna derecha está con ningún MAS. Oportunistamente, los
conservadores pueden apoyar a una u otra ala, según las circunstancias, pero no
son aliados de ninguna, son enemigos de ambas. En la intimidad, se ríen a
carcajadas de la situación tan precaria en la que está el partido que
aborrecen.
Evo ha estado librando una batalla que es imposible de ganar
para él, como le advirtió hace años Álvaro García Linera, su exvicepresidente
Por otro lado, la crisis económica sigue haciendo su tarea
invisible de indisponer a la gente en contra de Arce, ya que sigue agravándose
día que pasa: las colas por gasolina y diésel no han desaparecido, los precios
suben y suben, no hay dólares en el país y el desempleo crece. La fiesta de
Todos Santos, muy importante en Bolivia y una de las causas de la decisión de
Morales de declarar una tregua, pasará y vendrán otras demandas y otras
movilizaciones.
Evo ha estado librando una batalla que es imposible de ganar
para él, como le advirtió hace años Álvaro García Linera, su exvicepresidente.
Ha tenido que enfrentar prácticamente solo a toda la maquinaria del poder con
sus tres cabezas: la estatal, la judicial y la mediática. Ha luchado contra
gente que lo conoce muy bien y por eso sabe dónde atacarlo. Ha soportado la
acción oportunista combinada del Gobierno de Arce y de la élite tradicional
boliviana, que lo odian, unos por indio y rebelde, y los otros por autoritario
y mezquino. Y, finalmente, Evo Morales ha tenido que arrastrar todo este tiempo
un pasado lleno de épica pero también de miserias, como su machismo y el abuso
de las mujeres débiles que él encuentra natural; o como su intuitiva repulsión
a las vías institucionales e incluso democráticas; o como el narcisismo del que
todo lo ha logrado a pulmón, sin nadie a su alrededor; o, finalmente, como su
profunda, pulsional, desconfianza en los demás, que es el sentimiento más
inmediato de los indígenas tras 500 años de engaños oficiales.
Nada de esto, por supuesto, le quita responsabilidades a un
hombre de 65 años que ha tenido chances que nadie de su condición social ha
alcanzado jamás. Sin duda, no todos los campesinos, no todos los pobres, no
todos los hijos poco amados terminan en el banquillo de los acusados por
estupro, pero es bueno tomar en cuenta estos factores para saber por qué
Morales es, a la vez, el político más importante y el más peligroso de todos
los líderes de izquierda de la historia de Bolivia. Ofreció los más grandes éxitos
de su historia a esta corriente política y también algunos de sus más graves
fracasos. Y ahora, con todo lo que está pasando, causará todavía una derrota
más al movimiento popular, que seguramente será contundente.
Hasta ahora, Arce ha ganado, pero poco; Evo ha perdido una
pelea que de todos modos no podía ganar. El diagnóstico más certero en este
momento es, entonces, el siguiente: el MAS se está acabando, se está auto
fagocitando, se está auto liquidando. Las posibilidades de que la izquierda
boliviana en cualquiera de sus alas vuelva al poder en 2025 son cada vez menos.
Y disminuyen aún más cuando cualquier nueva figura que aparece es
inmediatamente atacada.
En el último conflicto, cada uno de los dos líderes han
vaticinado que la figura del otro pasará a la historia de forma negativa. Quién
sabe. Algo es cierto, sin embargo, y es que ambos, más allá de sus logros en el
pasado, serán responsables ante el presente y el futuro inmediato de la gran
derrota moral de la izquierda boliviana que ya viene.

